Microrrelato de terror “La Chaqueta”

Microrrelato de terror “La Chaqueta”

Para mí es un gustazo presentar el siguiente microrrelato de terror en honor a Leyenda Cósmica. Además, al más puro estilo “parábola del hijo pródigo”, los siempre traviesos hilos del destino se juntan en este post para presenciar la vuelta a casa de una idea que en verdad nació allí mismo hace unos meses.

microrrelato de terror

Y es que la historia que podéis leer a continuación está inspirada en una leyenda urbana que escuché por primera vez en este programa, en el especial Halloween de la segunda temporada de Leyenda Cósmica, allá por octubre de 2013. Miguel Delgado la relataba instantes después de que Álvaro la anunciara bajo el título de “la chaqueta”.

No sé por qué pero me caló hondo, impresionándome bastante. Los pelos… ¡de punta! Quizás por ello la quise hacer mía más adelante, reescribiéndola o reinventándola, cuando decidí participar en un concurso de microrrelatos que organizó el periódico Micro donde quedó finalista.

Sirva pues como homenaje y una señal de gratitud al programa, por traer la magia de aquella historia a las ondas de la radio. Y espero que la disfrutes tanto como yo.

 

LA CHAQUETA

Llovía tímidamente, aquella triste noche otoñal que conocí a Olvido. Negra azabache melena mecida al viento lucía. Blanca tez, ojos café. De mirada profunda envuelta con bondad.

Allí estaba, como posando bajo la tenue luz de una farola pegada a la parada del autobús. De paseo, me detuve después que saludara, ofreciendo conversación. Su sonrisa aceptó y, complacido, encendí un cigarro. Hablamos largo y tendido de nada en especial, mas resultaba evidente que habíamos conectado.

Ya empapados, la hora de marchar se precipitó. Los hombros desnudos de la recién conocida obligaron a taparlos con mi chaqueta.

Aunque no vi que entrara, la acompañaría hasta su casa. Volvería sobre mis pasos mientras ella se resguardó bajo el porche. Descuidaba así el abrigo, a propósito; perfecta excusa para más adelante reencontrarme con la chica.

Pasados unos días yo regresaba llamando a la puerta. Una mujer mayor abrió. Casi estalla en cólera cuando pregunté por Olvido, pues creía que le gastaba una broma pesada. Luego que descubriera el retrato de la joven encima del mueblecito de la entrada, se apaciguó. Era hija suya; explicaba la señora. Años atrás moría en extrañas circunstancias justo donde me apareció.

Terminamos ambos acudiendo a visitar su tumba. Reconocí esta al instante, sin indicaciones, porque… ¡dios! Arriba la losa de frío mármol que la cubría, yacía. Mi chaqueta.

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