ABDUCCIÓN INMINENTE (Microrelato de terror)

Por Samuel García Barrajón

Hoy de nuevo era otro día de ese amargo despertar en su cama que le venía acompañando en la oscuridad de la noche, sudando profusamente, le temblaba hasta la médula. Sheila ha tenido pesadillas y terrores nocturnos desde hace bastante tiempo, pero lo que más la perturbaba era que nunca tuvo ningún incidente traumático en su vida. Entonces… ¿por qué es acosada noche tras noche por esos horribles extraterrestres que la secuestran en sus sueños? En verdad Sheila tampoco recuerda haber visto películas relacionadas con alienígenas o algo similar. No hay manera de encontrar ninguna explicación lógica a lo que le sucede.

Quizás para alguien que no haya estado presente en sus sueños, podría parecer un poco extraño el tener miedo de esos inofensivos “hombrecillos” grises de metro veinte completamente calvos y que presentan solamente tres dedos en cada mano. Sin embargo a Sheila que noche tras noche sufre el tormento de su secuestro, la experiencia le resulta cuanto menos aterradora.

Y es que dichas criaturas no sólo tienen la piel pálida y grisácea, sino que además parece casi putrefacta en ciertos lugares de su cuerpo. Sus grandes y oscuros ojos, harto carnosos, proyectaban una mortífera mirada con esa forma en que la observaban, tan opaca, tan fría… ella estaba a su merced como cual rata de laboratorio. Sí, había más de uno, iban y venían por aquella especie de “sala de los horrores” donde la trasladaban, aunque ninguno la acompañaba de principio a fin. Es como si resultase tóxica para ellos, no aguantaban su presencia por mucho tiempo, les cargaba de nerviosismo, agresividad y una extraña excitación. Era un espectáculo dantesco.

A veces se pregunta por qué molestarse en absoluto, si cuando vengan a raptarla, lo quiera o no, la llevarán. No importa dónde se esconda, cuánto se resista o a quién llame para pedir ayuda, siempre lograrán secuestrarla. ¿Por qué seguir peleando reiteradamente pues? No iba a conseguir nada con esa actitud. Todavía podía sentir sus propias uñas clavándose en la alfombra mientras era arrastrada a la fuerza, incluso la forma salvaje en la que su mandíbula golpeó el suelo la noche anterior en pleno intento de agarrarse a algo que la permitiese quedarse donde se encontraba. A Sheila la estaba matando la misma esperanza de dejar de ver algún día a estos seres fatales que, para más inri si cabe, usaban unos auriculares rojos más que macabros para no escuchar sus gritos de socorro.

Estaba siendo muy difícil compartir sus experiencias con el mundo que la rodeaba. Sus amistades se habían encogido de hombros frunciendo el ceño, sus padres le habían mirado con preocupación y lo peor eran los doctores y los psiquiatras que se saludaban con una sonrisa de complicidad; todos la tomaban por loca… Únicamente Sheila sabía por el calvario que atravesaba. Hasta su mejor amiga tuvo la amabilidad de quedarse con ella la última noche y tan sólo para asegurarse de que todo estaba bien. No obstante, al final tuvo que ausentarse a mitad de la velada, Jenny salió corriendo hacia su casa porque una emergencia que atender la requería, o al menos eso ponía en la nota que dejó escrita. Así pues Sheila pudo contentarse al menos por un instante, ya que alguien había intentado ayudarla, sin importar si iba a funcionar o no.

Y cayó la noche, otra vez. Tratando de distraerse, Sheila tomó su ordenador portátil y se conectó a su cuenta de Facebook, si bien apenas pudo navegar unos breves minutos. Pues, mientras estaba sentada en la oscuridad, temerosa de irse a dormir por miedo a que las pesadillas volvieran, vio una notificación de su amiga que le hizo entrar en un estado de profunda ansiedad… ¿Por qué en esa reciente publicación había fotos de las vacaciones de Jenny en Malasia? Presa del espanto trató de leer la leyenda que acompañaba las fotografías con más cuidado, aun tratando de ignorar que habían sido subidas apenas cinco horas atrás. Decía: «Contenta, disfrutando del viaje de siete días y a la vez triste porque terminará mañana.» Pero ¿cómo es posible? Sheila volvió a leer el estado unas veinte veces antes de que finalmente se convenciera de que Jenny estaba en realidad en Malasia. Mas si eso era cierto… ¿quién o qué estuvo anoche en su casa? ¿quién escribió aquella nota?

Se levantó angustiada y pavorosa del sillón con el fin de alcanzar su habitación, pero algo cayó de la mesa donde reposaba la pequeña computadora. No alcanzaba a distinguir con la vista de qué se trataba en medio de la oscuridad, pero una vez que lo recogió, deseó no haberlo hecho nunca. Un espeluznante escalofrío sacudió su cuerpo de pies a cabeza porque, a la tenue luz de la pantalla del portátil, completamente estremecida, terminó por vislumbrar un par de ellos, dos de esos sobrecogedores auriculares rojos.


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Microrrelato de terror «La Chaqueta»

Para mí es un gustazo presentar el siguiente microrrelato de terror en honor a Leyenda Cósmica. Además, al más puro estilo “parábola del hijo pródigo”, los siempre traviesos hilos del destino se juntan en este post para presenciar la vuelta a casa de una idea que en verdad nació allí mismo hace unos meses.

microrrelato de terror

Y es que la historia que podéis leer a continuación está inspirada en una leyenda urbana que escuché por primera vez en este programa, en el especial Halloween de la segunda temporada de Leyenda Cósmica, allá por octubre de 2013. Miguel Delgado la relataba instantes después de que Álvaro la anunciara bajo el título de “la chaqueta”.

No sé por qué pero me caló hondo, impresionándome bastante. Los pelos… ¡de punta! Quizás por ello la quise hacer mía más adelante, reescribiéndola o reinventándola, cuando decidí participar en un concurso de microrrelatos que organizó el periódico Micro donde quedó finalista.

Sirva pues como homenaje y una señal de gratitud al programa, por traer la magia de aquella historia a las ondas de la radio. Y espero que la disfrutes tanto como yo.

 

LA CHAQUETA

Llovía tímidamente, aquella triste noche otoñal que conocí a Olvido. Negra azabache melena mecida al viento lucía. Blanca tez, ojos café. De mirada profunda envuelta con bondad.

Allí estaba, como posando bajo la tenue luz de una farola pegada a la parada del autobús. De paseo, me detuve después que saludara, ofreciendo conversación. Su sonrisa aceptó y, complacido, encendí un cigarro. Hablamos largo y tendido de nada en especial, mas resultaba evidente que habíamos conectado.

Ya empapados, la hora de marchar se precipitó. Los hombros desnudos de la recién conocida obligaron a taparlos con mi chaqueta.

Aunque no vi que entrara, la acompañaría hasta su casa. Volvería sobre mis pasos mientras ella se resguardó bajo el porche. Descuidaba así el abrigo, a propósito; perfecta excusa para más adelante reencontrarme con la chica.

Pasados unos días yo regresaba llamando a la puerta. Una mujer mayor abrió. Casi estalla en cólera cuando pregunté por Olvido, pues creía que le gastaba una broma pesada. Luego que descubriera el retrato de la joven encima del mueblecito de la entrada, se apaciguó. Era hija suya; explicaba la señora. Años atrás moría en extrañas circunstancias justo donde me apareció.

Terminamos ambos acudiendo a visitar su tumba. Reconocí esta al instante, sin indicaciones, porque… ¡dios! Arriba la losa de frío mármol que la cubría, yacía. Mi chaqueta.

MAZARRÓN MAS ALLA 2015 II Congreso

MAZARRÓN MAS ALLA 2015 II Congreso

selfie mazarrón más allá
No podía faltar un selfie en Mazarrón más allá

Pues sí, los pasados 7 y 8 de febrero de 2015 el misterio tenía una cita con Mazarrón Más Allá… y bueno, no estaba dispuesto a perdérmelo ni por un momento. Rosa y yo asistimos a este congreso, fuimos dos de los 170 privilegiados que pudieron asistir en directo al evento.

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Como aprendí a amar a los fantasmas

Como aprendí a amar a los fantasmas

Los programas de televisión sobre los fenómenos paranormales tienen una insidiosa influencia en estos días en los que muchas personas asumen que una «investigación» requiere de sus aparatos eléctricos, además del equipo obligatorio de los psíquicos y parapsicólogos. Sin embargo, un «fantasma» sigue siendo una experiencia subjetiva, y cuando nos enfrentamos a un supuesto fantasma (o cualquier otro fenómeno paranormal) algo potencialmente traumático entra en nuestro mundo. Afortunadamente, cuando lo paranormal se vuelve personal, hay otras tecnologías que podemos utilizar. Las extremadamente antiguas. El año pasado, me puse en una posición para ponerlas a prueba y quedé sorprendido por los resultados.

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