América, los otros descubrimientos

Fuente: Revista Enigmas.- Para muchos es un secreto a voces, para otros meras leyendas, pero cada vez son más los investigadores que están convencidos de que el nuevo mundo fue descubierto mucho antes de la llegada de Colón.

Guerreros vikingos, monjes irlandeses, nobles galeses y escoceses, templarios franceses, comerciantes chinos y navegantes españoles y portugueses, todos ellos durante la Edad Media, pudieron haber hecho alguna incursión previa al continente americano. Por no hablar de épocas más pretéritas con la supuesta presencia de fenicios, egipcios, griegos, japoneses o judíos. Si fue así, nadie volvió para contarlo o sus testimonios fueron muy puntuales y con el tiempo se olvidaron o pasaron a formar parte de la leyenda. Podríamos decir que Colón fue el último de esta saga de marinos y navegantes intrépidos. Llegó, regresó, lo contó, le creyeron y regresó nuevamente. Lo hizo “oficial” y lo “colonizó”.

Hay pocas dudas sobre el hecho de que muchos otros llegaron antes que Colón a ciertas islas o zonas de América –mapas, testimonios orales y escritos y varias esculturas que representan a hombres blancos y barbados existen desde época olmeca– y todo eso se mantuvo en secreto por razones obvias: nadie revelaba datos ni cartografía sobre tierras desconocidas repletas de oro, especias y esclavos.

Jesús Callejo
america otros

Cada autor se basa en pruebas y en fuentes arqueológicas, históricas, filológicas, toponímicas y epigráficas para formular hipótesis variopintas, algunas razonables y otras bastante descabelladas. Vamos, por tanto, a hacer esta larga “travesía” en el tiempo, acompañados por los navegantes que llegaron antes que Colón a ese Nuevo Mundo.

EL PRIMER HOMBRE AMERICANO
Habría que empezar nuestra lista cronológica por lo más evidente, por esos primeros hombres que llegaron a América, hará unos 14.500 años, cruzando el estrecho de Bering y que se convirtieron en la cultura de Clovis, en Nuevo México. ¿He dicho evidente? No tanto, porque se ha encontrado un yacimiento en Brasil, cerca del volcán Cerro Toluquilla, y otro en el sur de Chile, en Monte Verde, cuyos huesos han sido datados en 50.000 y 33.000 años, respectivamente. Lo que apoyaría la teoría de que no hubo una sino varias oleadas migratorias, unas por el norte entrando por Bering –y en varias etapas–, otras por el sur, provenientes de Australia, y otras más procedentes de Asia, por el Pacífico.

En definitiva, podemos decir que América tuvo más de una puerta de entrada para recibir a los primeros grupos de gentes que se animaron a habitarla. Y si somos más puntillosos todavía, los primeros americanos no serían Homo Sapiens, sino Denisovanos, Neandertales o alguna otra especie homínida, según el reciente descubrimiento en California de un fémur de mamut descuartizado con la friolera de 130.000 años, con marcas de haber sido roto intencionadamente con herramientas de piedra, según Nature.

AÑO 1600 A.C. JAPONESES
Avanzando más en el tiempo, el matrimonio estadounidese Betty Meggers y Clifford Evans descubrieron un paralelismo entre la cerámica encontrada junto al río Napo –encuadrada en el periodo Jomón Medio, sobre el año 1600 a.C.– y las piezas de la cultura Valdivia, en concreto sus famosas “Venus de Valdivia”, consideradas las más antiguas del Nuevo Mundo. Plantearon la posibilidad de que un grupo de pescadores nipones se perdiera en pleno océano Pacífico y viajaran arrastrados por las corrientes marítimas durante unos 300 días hasta recalar en las costas de Ecuador. Más de 15.000 km para que los náufragos fueran recogidos por los nativos de Real Alto y, a cambio, les enseñaron algunas técnicas de pesca y el arte de la cerámica.

Como curiosidad, un estudio efectuado en 1999 y liderado por el epidemiólogo Hasuo Tajima, encontró un virus mortal, el HTLV-1, que produce leucemia, en algunas momias del desierto de Atacama, al norte de Chile, de unos 1.500 años de antigüedad y que es el mismo que afecta a algunas regiones de Japón y de otros pocos lugares asiáticos. Extraño, ¿verdad?

Lee el articulo completo en el nº263 de la revista ENIGMAS

 


 

Te puede interesar:

El Planeta de los Humanoides: ¿de donde vienen los extraterrestres? (Expediente Nibiru nº 4)

 

PORTADA

 

CHAMANES OSCUROS

Gracias a su capacidad para acceder al mundo inferior, los brujos prehistóricos se convirtieron en arquetipo del líder de una sociedad secreta.
Texto José Luis Cardero

Imaginemos que podemos retroceder en el espacio-tiempo. Mediante una técnica que, por el momento, pertenece al ámbito de la ficción, nos trasladaremos a un entorno que no nos resulta del todo ajeno ni tampoco desconocido. Está anocheciendo y nos encontramos en una llanura salpicada –según podemos apreciar– por largas filas de menhires. No muy lejos, es posible contemplar el océano y escuchar el sonido de sus olas golpeando los acantilados.

Dos figuras aparecen a nuestro lado. No nos ven ni reparan en nosotros. Ahora somos como los dioses invisibles de las leyendas y podemos contemplarlos sin perturbar sus propósitos. Porque ellos, una mujer y un hombre, han venido hasta aquí para algo importante.

Nada parecen traer consigo, excepto sus hatillos de piel. Se detienen y miran al cielo, donde las estrellas, brillantes e infinitas en número, comienzan a aparecer. Ambos se arrodillan muy próximos al mayor de los menhires, un coloso de granito que se eleva hacia el universo resplandeciente, en el que se adivina una gran franja lechosa por encima de las rocas hincadas, guiándolas hacia el mar cercano. De pronto, la mujer y el hombre se funden en un abrazo. Al rato se separan de nuevo, buscan en sus hatillos y extraen de ellos unos trozos de roca. Entonces, volviéndose hacia el menhir que parece contemplarlos desde su altura, empiezan a golpearlo rítmicamente…

EN LA TIERRA DE LOS MUERTOS
La mujer comienza a cantar. A poco, la sigue el hombre. Ambos no paran en su esfuerzo. Es una canción sagrada que, lentamente, va conmoviendo la noche, llega hasta el océano con su agitación y sacude con su melodía las filas de altas piedras hincadas.

La canción que la pareja entona les fue enseñada por su Maestra, en la aldea que se esconde entre las primeras enramadas del bosque. Además, han aprendido otras canciones para alejar a las fieras, detener presas de caza en su carrera o llamar a ciertas criaturas extrañas que viven en la espesura. Pero ésta que hoy entonan es especial y particularmente poderosa, porque sirve para abrir un camino que, bajo el palio estrellado del universo, lleva hasta la Tierra de los Muertos.

El gran menhir comienza a conmoverse bajo la incesante y rítmica acometida de los cantores. Bajo sus pies, un inmenso latido se deja sentir. Muy pronto, la Madre Tierra sacudirá sus espinas de piedra, abandonando su quietud para estirar los viejos miembros. Cuando ese momento llegue, se abrirá el Umbral y dos planos de la realidad comenzarán a plegarse uno sobre otro. Entonces, el hombre y la mujer atravesarán esa puerta ideal y pasarán al Otro Lado. Ellos son discípulos de la Gran Chamana que permanece allá en la aldea y que se regocija al escuchar la conmoción nacida en medio de las filas de rocas. El hombre y la mujer están pasando ahora por la gran prueba de su vida: tendrán que llegar hasta la lejana y peligrosa Tierra de los Muertos y regresar de nuevo a nuestro mundo.

LA GRAN TRANSFORMACIÓN
Este relato de lo que hemos contemplado durante la noche en nuestro papel de dioses invisibles, reúne esbozos de algo que los chamanes conservaban y transmitían como parte de sus conocimientos reservados. Los testimonios que recogen las huellas de estos extraños poderes se encuentran esparcidos por el mundo entero, grabados en las duras rocas o dibujados en los paneles de arte parietal de muchos lugares. El afamado prehistoriador francés Jean Clottes lo confirma a través de sus trabajos.

Por no hablar de Mircea Eliade en El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis: el chamán es un especialista en contornear la realidad que nos envuelve, y es capaz de deslizarse al Otro Lado mediante el empleo de técnicas dura y trabajosamente aprendidas, ejercitadas a veces con riesgo para su salud o de su propia vida.

Otro aspecto importante que se pone de relieve con el estudio y la observación de los chamanes es su capacidad de transformación. Así, el aprendiz de chamán será llevado un día a un lugar apartado y secreto en el que se encontrará con sus animales-espíritu, es decir con aquellas potencias que en esa importante ocasión actuarán sobre él de una manera decisiva. En ese ámbito recogido y al abrigo de cualquier mirada intrusa, los animales espíritu atacarán al aprendiz de chamán, lo reducirán a pedazos, comerán su carne y beberán su sangre, hasta dejarlo convertido en esqueleto. Entonces, como por un milagro, esos mismos animales que lo han devorado empezarán a recubrir los desnudos huesos con trozos de carne que regurgitarán de sus estómagos, llenando las cavidades con la sangre anteriormente bebida y resucitando al difunto, que ha vuelto a la vida desde su estado de esqueleto.

Pero los animales-espíritu no se limitarán a devolverle su carne y sus fluidos vitales, sino que dela depositarán en su interior un objeto extraño –una piedra, una ramita, una concha, etc.–, con lo cual, el resucitado ya no será el mismo que era antes de sufrir este proceso de muerte y resurrección, sino que aparecerá ahora dotado con la capacidad de chamanizar. El que anteriormente era un individuo lleno de dudas, sufriente e imperfecto, es ahora un auténtico chamán, con su aparejo de sabiduría, de conocimiento y de equilibrio con el mundo.

Lo más importante, quizá, además de su transformación y de ese cambio de carácter verdaderamente cósmico experimentado tras su proceso iniciático (muerte a la vieja vida/resurrección a una existencia nueva), será su conciencia en el poder extraordinario de las palabras mágicas usadas mediante una técnica especializada, acompañadas con su tambor, que también puede servirle como vehículo extraordinariamente activo y capaz para un traslado entre mundos, o de instrumento defensivo, al objeto de resguardarse de las iras de dioses furibundos o de demonios peligrosos.

También será decisiva su capacidad de guiar la transformación de otros, individuos y grupos, cuando fuere necesario. La posibilidad de acceder a niveles de conciencia diferentes es una de las tareas que desempeñará el chamán auténtico, ayudándose a veces de sustancias psicotrópicas. Pero esa alma nueva que sucede a la vieja y enferma ha de nacer pura y brillante, sin contaminaciones con materias e influencias extrañas. Así, la voluntad y el conocimiento del chamán serán las herramientas más poderosas y las más fieles, para ayudarle en esa gran obra.

DIOSES Y DEMONIOS
Recuperemos por un momento nuestra técnica secreta para movernos entre espacio-tiempos diferentes y acudamos ahora a un poblado del Paleolítico superior. El día transcurre por allí con normalidad y, en nuestro papel de dioses invisibles, podemos observar las actividades cotidianas de aquellas gentes sin ser molestados. Aunque nuestro propósito no será satisfacer vanas curiosidades, sino introducirnos en las fauces de una cueva abierta en un cantil próximo.

Hemos visto que en ella se adentraba uno de nuestros chamanes junto con algunos jóvenes, que bien podrían ser sus discípulos, y deseamos contemplarlos en sus actividades. Como afirma Clottes en su libro, compartido con David Lewis-Williams, Los chamanes de la prehistoria, una buena parte de la actividad chamánica, en estos ca- sos, era casi siempre subterránea.

Nos adentramos en la caverna y seguimos a nuestros protagonistas, que guían sus pasos con unas débiles luces en un camino cada vez más estrecho y dificultosos. Sus cuerpos terminan arrastrándose y retorciéndose por aberturas que apenas permiten el paso. Pero al final tras largo tiempo de marcha en una oscuridad apenas disipada por las mínimas luminarias que portan, parecen haber llegado a su destino.

Estamos en una de las partes más profundas y remotas de la gran cueva. La curiosidad por ver a donde querían llegar los individuos del grupo nos ha impedido fijar nuestra atención en los gestos que hacía el chamán en ciertos pasos. Pero si nos hubiésemos fijado bien, habríamos visto cómo, antes de penetrar por ciertos orificios o después de que el pequeño grupo hubiera pasado, se detenía un momento para untar con grasa –llevada por él mismo en un pequeño recipiente de su hatillo– determinados relieves del terreno, recitando al tiempo una salmodia apenas audible, como si abriese un camino mágico o fuese cerrando ciertas puertas invisibles tras de sí. Ahora, el grupo permanece quieto. Sus integrantes se han puesto en cuclillas sobre el suelo rocoso. Cada uno porta en su mano una cuerdecilla encendida que será toda su luz durante el tiempo que estén dentro. El chamán se ha separado de ellos introduciéndose en otro hueco aún más reducido. Allí se acuesta sobre la espalda, sin hacer caso de las aristas rocosas que se clavan en su cuerpo y arroja fuera su cuerdecilla inflamada quedándose en una oscuridad densa, casi líquida. Pero no importa. Él no necesita de luz alguna, porque lo que allí se va a realizar es una proeza de la mente y no actividades materiales. Eso es, precisamente, lo que desea enseñar a sus discípulos.

EN EL MUNDO INFERIOR
Jean Clottes señala que los artistas chamanes tenían la facultad –el Poder, el Conocimiento, diría yo– de persuadir a las criaturas y espíritus del mundo inferior para atravesar la roca. Haciendo esto, transformaban sus visiones en fuerzas capa- ces de recorrer largas distancias a través de las peñas y recovecos del cantil o de la montaña y actuar  en el mundo exterior.

De manera que, tendido como está, impregna sus manos con una mezcla de pintura sagrada y grasa, deslizándolas luego por la superficie rugosa de la roca que lo cubre casi como una losa sepulcral. Aquí y allá comienzan a adivinarse las curvas de una gacela, los colmillos de un mamut, las fauces abiertas de una fiera o el contorno de un búfalo. Los animales-espíritu así convocados podrán ser dominados más fácilmente por los cazadores que aguardan fuera, al aire libre, bajo la luz del sol. Pero eso no es todo, ni con esas maniobras ha terminado la ceremonia. Él y sus discípulos iniciarán ahora una larga estancia en la más completa oscuridad, en la que aflorarán sus miedos y toda la angustia que llevan dentro, aprendiendo a controlar esas fuerzas oscuras y a utilizar su energía para contrarrestar el poder de otras entidades mucho más negras, siniestras y crueles que muy pronto se harán presentes.

En el silencio de la cueva se escucha sólo el recitar del chamán. Ya no acaricia con sus manos la superficie rocosa, sino que trata de sorprender más allá de esa pared los signos de algo que se acerca desde lo profundo.

Aquí y allá, ciertos relieves adoptan los perfiles inquietantes de dioses oscuros que se acercan. Terribles cazadores de almas hacen de su entorno un lugar mortecino e inseguro y su presencia se anuncia por un temblor que es posible detectar colocando las palmas de las manos sobre la piedra.

A una señal del chamán, los discípulos se alzan apoyando sus manos sobre el muro, intentando cerrar el paso a lo que se acerca. La pared de roca es una frontera entre la vida y la muerte, un límite que cada vez se hace más estrecho y frágil. El chamán intenta reforzar el poder de todas aquellas manos rociándolas con grasa y con su pintura sagrada. Previsor, había delineado antes un recinto especial con invocaciones y sellos mágicos, colocados mientras entraban en las profundidades de la cueva.

Hay que decir que muchas de tales huellas de manos todavía permanecen hoy en las paredes rocosas de los lugares más escondidos de esas cavidades en las que se manifiesta lo que hemos llamado «arte parietal», junto a figuras más complejas y misteriosas con las que el conocimiento chamánico pudo haber intentado contener a fuerzas y entidades misteriosas llegadas del mundo inferior o del ámbito «interno» de la Tierra. Estas escenas nos sugieren a nosotros, visitantes ocasionales e invisibles gracias a nuestra técnica de viaje por espacio-tiempos alternativos que, desde tiempos pretéritos, la humanidad ha podido entrar en contacto con poderes hostiles y peligrosos que el chamán siempre ha intentado conjurar. La Vida y la Muerte y el camino de tránsito entre ambas están sembrados con los intentos llevados a cabo por estas antiguas técnicas que vinculan estrechamente el poder de la transformación y la esperanza del Despertar.

EL SECRETO DE LAS MÄNNERBÜNDE
Cabe preguntarse si, como todo aquello que afecta a los humanos, el chamanismo posee alguna versión oculta y oscura con la que, lejos de prestar ayuda a las comunidades a las que sirve, a protegerlas contra el asalto de las fuerzas extrañas y ajenas, o a colaborar para su mantenimiento y estabilidad, pueda dedicar sus esfuerzos a potenciar lo inquietante y el desasosiego de lo tradicionalmente no permitido o tolerado por los grupos sociales.

Hemos de responder que sí. Al menos, en ciertos casos, estos especialistas –o, más bien su versión «negra»– han servido a esos intereses que, de una manera o de otra, casi siempre suelen permanecer ocultos. Aquello que, con esta colaboración, haya podido quedar al descubierto, no viene más que a confirmar la innegable e inevitable polarización que afecta, querámoslo o no, a nuestro mundo. Tal como señalan Pauwels y Bergier en El retorno de los brujos, nada hay nuevo sino lo que se ha olvidado.

Desde los periodos más antiguos, cuando la humanidad ya había abandonado prácticamente sus hábitos de vagabundeo y el modo de cazadores reproductores con el cual, por milenios, había sostenido los rudimentos de cultura que por entonces comenzaban a apuntar, aunque no en todas partes ni en el mismo momento, y empezaban a establecerse en comunidades más o menos fijas y estables, al mismo tiempo que se establecían los primeros rudimentos de jerarquía social y de grupos de estatus, aparecieron también por primera vez las sociedades secretas.

Esto eran, desde luego, las Männerbünde, o asociaciones masculinas de guerreros y de jóvenes, que mantenían, aún en tiempos de paz o de tranquilidad relativa, sus costumbres guerreras y combativas, distinguiéndose por su comportamiento violento y agresivo, dirigido tanto contra los enemigos del grupo como frente a cualquier otro colectivo cuyos intereses o comportamiento no fuesen considerados como adecuados.

Tales sociedades secretas fueron haciéndose cada vez más reservadas, cerradas y hostiles a cualquiera que tratase de intervenir contra ellas o de sorprender sus misteriosos y cada vez más ocultos comportamientos o proyectos. Expertos en el Conocimiento reservado, fueron seguramente tentados muchas veces para que se unieran a estas sociedades guerreras y probablemente unos cuantos aceptaron de buen grado por el poder y el prestigio que, dentro de ellas, podrían alcanzar.

Determinados analistas de este tema tan espinoso llegaron a concluir que, con el tiempo, en algunas de estas sociedades secretas se consiguió descubrir el método para desatar entre sus guerreros miembros el berserksgangr, es decir, la posibilidad de transformarlos en berserkir(guerreros-oso) o ulfhednar (guerreros-lobo), que revestidos con las pieles y cráneos de aquellos animales se comportaban en combate como «guerreros-fiera», en los cuales se desataba un estado de furia agresiva y salvaje sobre el que no podía ejercerse ningún control y en los que no hacían mella el hierro o el fuego.

Más tarde, según parece, el perfeccionamiento de estos métodos secretos o tal vez su evolución inevitable, terminaron por transformar a los berserkir y a los ulfhednar en auténticos licántropos o en verdaderos demonios, convirtiendo de ese modo un proceso que, en principio, era reversible, en un destino sin retorno.

Estos procesos fueron estudiados por servicios como la Ahnenerbe de las SS nazis. Se comenta que el propio Himmler, el Reichsführer SS, tenía la obra principal de Otto Höfler (Kultische Geheimbünde der Germanen), uno de los principales investigadores en esta materia, como libro de cabecera. Los chamanes –en estos casos, tendríamos que llamarlos Chamanes Negros– con su conocimiento altamente especializado en el acceso a estados alterados de conciencia, sobre el tránsito hacia otros universos de realidades paralelas, o respecto al control de las almas arrastradas al Otro Mundo o al Mundo de los Muertos, eran seguramente muy apreciados para llevar a cabo sus proyectos de transformación en el seno de estas asociaciones y grupos secretos. Místicos y ocultistas como Karl Maria Willigut (Weisthor) al servicio de los planes asimismo secretos deMännerbünde contemporáneas como las SS nazis y sus programas de investigación instalados en laAhnenerbe, estudiaron sin duda con gran interés estos procesos y experiencias de los Chamanes Negros, igual que lo hicieron también con el chamanismo Bon tibetano.

Así, algo del infierno y de sus demonios, entendidos no desde una perspectiva religiosa concreta, sino como elementos de lo numinosoprimordial activos y dotados de un gran poder, fue traído finalmente a nuestro mundo.

ODÍN, EL DIOS-CHAMÁN
En un nuevo viaje de nuestra máquina del tiempo, podríamos hacer un recorrido relativamente más corto que los anteriores, para llegar hasta Bremen, en los años inmediatamente anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Allí, en la fachada de la Casa Atlantis, diseñada por Bernhard Hoetger, en la Böttcherstrasse de aquella ciudad hanseática, se levantó entre 1929 y 1931 un monumental relieve –llamado Lebensbaum– en el que se representaba a Odín crucificado sobre Yggdrasill, el Pilar del Mundo, mostrado en forma de Cruz Solar. Esta pieza única fue destruida por el fuego de los bombardeos y aunque el edificio se reconstruyó en los años cincuenta del pasado siglo, no volvió a reproducirse ni a instalarse de nuevo el citado relieve.

Únicamente nos queda de esta obra misteriosa alguna fotografía, que nos muestra su impresionante factura. En ella aparece Odín clavado con los brazos en cruz sobre el Árbol de la Vida, con una lanza que hiere su costado derecho. En la orla que se muestra alrededor de la figura central, pueden verse los caracteres rúnicos con los que se expresa el carácter de la situación relatada en las viejas narraciones de la Edda poética (Hávamál, Rúnatal, Verso 139), que describen cómo Odín permaneció colgado de Yggdrasill durante nueve noches: «Sé que fui colgado en el árbol batido por los vientos nueve noches completas, herido por una lanza, y ofrecido a Odinn, yo mismo ofrecido a mí mismo, en el árbol del que nadie sabe de dónde vienen las raíces»….

En este breve párrafo de la Edda poética se habla, precisamente, sobre la condición chamánica de Odín. En dicha cita del Rúnatal se menciona que el dios permaneció suspendido de Yggdrasill durante nueve noches, con una lanza clavada en su pecho, de manera que en ese estado extraordinario de conciencia pudo adquirir el Conocimiento secreto que le confirieron las Runas. Así, Odín es quien escoge y señala a los guerreros más distinguidos en la batalla para ser recogidos por las valkirias, llevados al Valhöll y transformados en einherjahr o combatientes especialmente vinculados al dios. También es el que gobierna la tempestad y lucha contra las fuerzas que tratan de socavar y destruir el universo de los dioses en el Rajnarok, acontecimiento final de los tiempos.

Pero junto a todas estas prerrogativas y características propias de su peculiar condición divina, aparecen también aquellas otras que le señalan como chamán: es el Señor de la Magia enseñada por las runas; tuerto a causa, precisamente, de ese afán desmedido por obtener el Conocimiento secreto. Posee dos cuervos, Huginn y Muninn, y dos lobos, Geri y Freki, animales que encarnan los atributos chamánicos más característicos, tanto aquellos referidos a los animalesespíritu enviados por el mundo para recabar información o llevar encargos especiales de los dioses en viajes trabados entre universos distintos, como los relacionados con su carácter de espíritus asistentes que apoyan y sostienen el propio esfuerzo chamánico. El estado de trance o éxtasis que el chamán experimenta, y que se reproduce claramente en el Lebensbaum de Bremen, permite que pensamiento y mente puedan salir del cuerpo para alcanzar así metas y objetivos que, de otra manera, serían imposibles de lograr.

LOS CHIPAYA Y LA DROGA SECRETA

A unos 4.000 metros sobre el nivel del mar, en las llanuras salinas de Coipasa y sobre las ruinas dejadas por las anteriores civilizaciones andinas, silenciosos pero sonrientes, los chipaya han logrado imponerse a un entorno hostil como pocos en el planeta, gracias a su inquebrantable fuerza de voluntad y, tal vez, a un secreto que guardan celosamente y que ningún antropólogo ha logrado desentrañar aún.
Texto y fotos Jacques Fletcher

Contemplaba el árido paisaje por la ventanilla cuando me alertó el chirriar de los frenos. El ómnibus se había detenido en un páramo yermo. Descendí y miré, desolado, a mi alrededor. ¿Dónde estaba? ¿Cómo llegaría a mi destino? Por fortuna, no muy lejos de mí observé a una indígena sentada junto al camino y rodeada de utensilios. Me acerqué a ella e inicié una conversación. «Sí, soy chipaya. Yo te llevo. Mi marido viene con su auto», me contestó en un pobre español.

Tras ocho horas de marcha, vi las siluetas de unas chozas. Aterido de frío, bajé del remolque. Un indio se acercó a nosotros y me ofreció un refugio para pasar la noche. A la mañana siguiente, desperté y salí en busca de mis anfitriones, pero en el exterior no había nadie. Seguí caminando hasta abandonar el conjunto de viviendas y corrí la misma suerte. Allí no había ni un alma.

Mis pasos me condujeron hasta el límite del desierto, donde divisé un grupo de putukus, las casas tradicionales con forma de cono. Quise acercarme más a ellas, pero me lo impidió la barrera natural de un río.

¿Qué hacía aquí?, pensé para darme cuenta que me interesaba conocer la sustancia que intervenía en sus rituales y que apenas se ha mencionado en los estudios antropológicos sobre los urus-chipaya.

Un hombre de mediana edad y vestido con el traje tradicional. Se presentó como Eloy Wal Walaqch´qay y me ofreció acompañarle a su casa. En el interior de la choza esperaban la mujer y la hija de Eloy. Me invitaron a sentarme y me ofrecieron un plato de sopa de quinoa.

PROFECÍAS SINIESTRAS
Pasé muchos días con mi anfitrión y su familia y tuve tiempo de hablar con ellos de multitud de  asuntos.  Y uno de ellos era poder preguntar a los ancianos y el putira (encargado de las tradiciones que cuida el templo chipaya). Y así lo hice dos días después. Eloy, intercedió por mí frente a los líderes y viejos. Me presentó ante un nutrido grupo de hombres y mujeres. Me hallaba ante una suerte de comité indígena que quería saber qué era yo y qué buscaba en el poblado.

–He venido a conocer sus medicinas tradicionales y su forma de vida. Vengo de muy lejos y lo que quiero conocer, sobre todo, es esa planta secreta que ustedes toman para conectar con sus muertos– contesté sinceramente, aún a riesgo de que me echaran del pueblo.

Hay otra cosa que nunca se ha escrito ni contado sobre los chipaya. Plantado ante esa junta inquisitiva, me percaté de que a cada pregunta que el putira me hacía, su mirada, y la de los otros hombres, se ladeaba indefectiblemente hacia las mujeres que asentían, o no, según mi respuesta. Me di cuenta en ese momento del alto contenido matriarcal que existía en esta sociedad tribal. Las mujeres mandaban tanto o más que los hombres.

MUERTOS «INQUIETOS»
Los días posteriores fueron muy tranquilos.  Cierto día que vi a un anciano hechicero realizando prácticas adivinatorias arrojando un puñado de hojas de coca a un recipiente, pregunté a mi amigo si existía la posibilidad de que los cotopuchi (hechiceros) me dejaran ver algún ritual de unción a los muertos o cualquier otro que ellos practicaran. Eloy consiguió, finalmente, que accedieran a ello.

Fue con los ancianos con los que entablé una buena conexión. Estos me enseñaron varias técnicas curativas, pero poco de lo que yo deseaba conocer realmente. Con Eloy y el señor Anselmo, un hombre que ya habría cumplido los 90, conseguí finalmente adentrarme en el alma chipaya. «Antiguamente –comenzó a explicarme Anselmo–, los chipaya éramos hombres exclusivos. Practicábamos mucha magia. Con la sukarpaya (un antiguo saber que integra a los miembros del pueblo y les ayuda a mantener la relación de respeto entre hombre y naturaleza), el mundo se mantenía. Ahora, los hombres jóvenes no practican los ritos, se marchan y abandonan nuestro mundo antiguo».

–¿Qué relación tienen ustedes con sus muertos? ¿Qué son los muertos?– pregunté.

–Somos chullpapuchus, los descendientes de la gente más antigua de la tierra andina. Por eso, nuestros muertos conocen el comportamiento de cada hombre y mujer y son sus calaveras las que nos indican cómo vivir y ser. Si alguien ha sufrido un mal, acude a un yatiri (chamán de las calaveras de los antepasados) para que éste les dé indicaciones. Durante tres días, el yatiri cuida y ofrenda de q´oa (mesa ritual) al t´ojlu (calavera) y conversa con él. Nosotros nunca mentimos, porque ellos lo saben todo y podrían castigarnos. Si un chipaya ha robado, el difunto se le aparece y le obliga a devolverlo. Si no lo hace, enferma y muere. Nuestros muertos están vivos y se levantan de sus tumbas cada vez que alguien miente o hace maldad.

Lejos de abandonar la idea de que gran parte de las ideas indianas son mitos sin fundamento real, mis preguntas se encaminaron al lado contrario. Con los años, he sabido distinguir lo que para los indígenas no es más que un mito de algo que podría ser real en un sentido físico.

–¿Dice usted, Anselmo, que sus muertos salen de sus tumbas? ¿Pero salen de verdad?

–Sí. Lo hacen sólo cuando el yatiri los invoca. Sus cuerpos salen del camposanto y van a hablar con el malhechor. Nosotros seremos ellos cuando muramos.

–Pero usted, Anselmo, habla de que salen sus espíritus, sus almas incorpóreas….

–¡No! –me interrumpió– ¡Salen sus cuerpos unidos a su cráneo! Son nuestros tatarabuelos, nuestros abuelos, nuestros padres muertos. Las ánimas los mueven y son los guardianes del pueblo.

Me dejaron visitar el humilde cementerio municipal, de donde supuestamente «salían» estos cuerpos «incorruptos». En un páramo abierto, repleto de tumbas, divisé varios cráneos con las órbitas rellenas de algodón.

DROGAS MISTERIOSAS
Pero mi interés fundamental se centraba en la misteriosa sustancia que les pone en contacto con sus espíritus, y que yo sabía tomaban sólo en ocasiones muy especiales. Al preguntar por ella en la primera reunión que tuve con el comité de bienvenida, todos se sorprendieron mucho cuando la mencioné. Hasta aquel preciso instante, ese ingrediente secreto era una leyenda sin confirmar, un hecho nunca registrado oficialmente que, ahora, se revelaba ante mí gracias a su ingenua reacción.

Pero, si es tan secreta, ¿cómo sé yo eso?, se habrá preguntado el lector tanto como lo hizo el chipaya. Pues merced al escrito de un viejo explorador y aventurero italiano que puso sus pies en estas tierras hacia 1950, y que conoció de primera mano la extraña planta medicinal. Su nombre, Adriano Gatto, y el texto, apenas habla de los uchumataqu, limitándose a hacer un recorrido anodino por los sitios que visitó. Sólo existe un breve pasaje en el que hace mención al misterioso mejunje. Se puede deducir que es alucinógena, ya que el yatiri que le acompañó y tomó el brebaje frente a él, entraba en una especie de trance hipnótico que le puso en contacto directo con los mallku.

Fueron varias las semanas que pasé con los uchumataqu, pero, a este respecto, siempre me encontraba con la misma respuesta: una sonrisa y un encoger de hombros. Los días se me agotaban y debía regresar a Oruro. Sabía que el enteógeno existía, pero realmente no tenía pruebas de ello ni testimonio alguno que lo cimentara. Fue el día de mi marcha, después de una cálida despedida con los miembros de esta admirable etnia, cuando, subido en la moto de un joven indio que vivía en Chile, Eloy se me acercó y me dijo, casi al oído: «Existe eso que buscas. Es como una lampaya, pero más pequeña. Es sagrada. Es raro que tú la conozcas. Ten un buen viaje, amigo mío». Y con estas palabras tuve que salir de aquella misteriosa tierra sin haber conocido los secretos de la planta más oculta de la Tierra, pero que aun así existe.

Cusco, ingeniería y astronomía celestial

Una novedosa tesis sostiene la existencia de un “plan maestro” que modeló el paisaje a gran escala –montañas, valles, ciudades y templos– para representar sobre la tierra a los pumas, cóndores y divinidades de Cusco. Por José Gregorio González.
Fortaleza de Sacsayhuaman, Cusco

Hoy por hoy, pocos arqueólogos e investigadores independientes que hayan coqueteado con las revisiones heterodoxas de la historia cuestionarán que la Teoría de la Correlación de Orión, presentada hace décadas por el ingeniero anglo–egipcio Robert Bauval, introdujo una forma innovadora de contemplar el pasado y muchas de las culturas que nos precedieron.

En esencia, Bauval propone que las tres grandes pirámides de la Meseta de Giza, la Esfinge, otros templos cercanos y el propio cauce del Nilo, reproducen sobre el terreno una zona concreta del cielo de enorme significado en la espiritualidad egipcia, con el Cinturón de Orión y la Vía Láctea como protagonistas.

La zona sería una suerte de reflejo del cosmos; pero no sería la única. En función de la disponibilidad de recursos y desarrollo técnico de cada cultura, esa fijación de los antiguos por cristalizar parcelas del Cielo sobre la Tierra la encontramos de manera latente en enclaves megalíticos de todo el planeta –incluyendo el más que probable germen egipcio de Nafta Playa, en la Nubia antigua–, alcanzando regiones tan distantes como la Isla de Pascua y sus moais mirando a las estrellas, la camboyana Angkor, cuyos templos principales imitarían a la constelación del Dragón con una alineación que apuntaría, al igual que en el caso egipcio, al 10.500 a.C., o los desconcertantes santuarios astronó micos de los antiguos canarios con sus precisas orientaciones. La arqueoastronomía y las herramientas que pone a su servicio la tecnología, nos están ayudando a contemplar el pasado de otra manera. Por ello, no es extraño que también se haya mirado hacia la cultura inca en busca de claves similares, de equivalencias en los templos y estructuras de una de las más apasionantes civilizaciones de todos los tiempos, en la que astronomía, mito y religión eran prácticamente indistinguibles.

MODELANDO EL PAISAJE INCA
¿Es posible que los antiguos incas vieran en determinadas rocas y accidentes orográficos una huella o materialización de sus dioses y héroes? ¿Se puede considerar que más allá de la focalización de sus mitos en las caprichosas formas de la naturaleza, llegaran a modelarlas para erigirlas en efigies de sus divinidades? ¿Cabe la posibilidad de que se trazaran ciudades bajo la forma de tales dioses, distribuyendo sus templos, plazas y demás elementos de cara a realzar los rasgos de los mismos?

Las respuestas a estos interrogantes parecen apuntar a un sí rotundo que plantea el diseño sobre el terreno de sus dioses y del espacio celeste que según sus mitos ocupaban. La magnitud de esta reinterpretación de la arquitectura incaica empieza por concebir a su Valle Sagrado como un reflejo de la Vía Láctea o Río Celestial, distribuyendo por su valle terrenal los asterismos visibles y las constelaciones oscuras formadas en combinación con los espacios sin estrellas, que sus astrónomos distinguieron en el cielo.

La tradición cusqueña ofrece ejemplos muy claros, dando a Cusco la forma de un puma sentado en cuclillas, con la fortaleza de Saccsayhuaman como su cabeza, y la actual calle Pumakurko como la espina dorsal del felino.

Juan de Betanzos en 1551 y Sarmiento en 1572 aludirían a este vínculo totémico. La abogada y periodista Alfonsina Barrionuevo amplía los detalles en Cusco Mágico, asegurando que el puma se recostaba sobre el lecho seco del antiquísimo lago Inkill: “Sus colmillos afilados en punta de lanza hacían el aguerrido relieve de la primera muralla de la plaza y sus pupilas fulgurantes eran los torreones recubiertos con planchas de oro que brillaban al sol. Sobre su lomo gigantesco corre hasta hoy el Tullumayu, llamado “río de huesos” porque mojaba las vértebras del dios, cuyas zarpas afelpadas se cerraban sobre otro río milenario, el Saphi ‘raíz de manantiales’. Su cola concluía en una calle que todavía conserva su viejo nombre indio, Pumaq chupan –cola del puma–”.

Historiadores como el recordado Manuel Chávez Bayllón, el antropólogo John Rowe o María Rostworowski refrendarían en el siglo XX esta visión felina de la urbe inca, una lectura que ha sido cuestionada en tiempos recientes por Ana María Gálvez, directora del Museo Histórico Regional del Cusco. Junto a su equipo de colaboradores defienden la hipótesis de que se trata realmente de un Qoa, una especie de gato silvestre también conocido como Titi-Michi, divinidad de la lluvia y el granizo.

Controversia al margen, el caso del puma–qoa cuzqueño no es único y en otros escenarios la conexión entre las creencias, las formas de la naturaleza y los fenómenos celestes con significado cosmológico para los incas, da lugar a combinaciones espectaculares en los que la piedra desempeña un papel protagonista. Tal y como resumen los investigadores Fernando y Edgar Elorrieta Salazar en Cusco y el Valle Sagrado de los Incas, “los ciclos míticos del origen del hombre, de los Incas y la ciudad de Cusco, son ricos en símbolos, gestos rituales, y sucesos sobrenaturales asociados a descripciones de la geografía en la que se desarrolla la gesta. En esta etapa por lo general se representa a los héroes civilizadores y fundadores, como personajes enviados por la divinidad en busca de un lugar previamente singularizado, el cual ha de ser reconocido, en el momento en el que el gesto ritual de sus personajes es aceptado por la madre Naturaleza o los seres que moran en ella, reflejándose el hecho, en manifestaciones suyas –arco iris, haces de luz, lluvias de fuego, etc.–, que serán tomados como señal de buen augurio y donde culmina o se fija un hito –conversión de los personajes en piedra–, en este largo peregrinar”.

UNA CIUDAD PARA EL SOL
La apasionante historia de Cusco viene a ejemplarizar la de otras ciudades que emergieron en la América Precolombina, urbes cuya organización, arquitectura y modernidad hacían palidecer a sus equivalentes europeas. La metrópolis erigida en la cuenca del río Hutanay, al sur de Perú, se convirtió en la capital del Imperio Inca y sus palacios y templos hicieron palidecer a Francisco Pizarro y sus hombres cuando la alcanzaron en 1533. En aquel tiempo, este enclave solo estaba habitado por el Inca, su familia, la nobleza, los sacerdotes y las mujeres reservadas al culto y al concubinato, estableciéndose en los aledaños de la ciudad los gobernadores provinciales y los jefes étnicos o curacas. Pedro Sancho de la Hoz, un soldado español que actuó como secretario del Conquistador, estimó en 100.000 las casas de la ciudad y para cuando Pizarro la contempló se estima que la Qusqu quechua llevaba habitada más de 2.500 años, cuando un nutrido grupo de individuos de la cultura Taypiqala se estableció por vez primera en sus inmediaciones. Las leyendas explican que el nombre quechua de la ciudad, Qusqu o Qosqo, es traducible como centro u ombligo, de tal manera que Cusco equivaldría a “ombligo del mundo” por entender que este enclave situado a 3.350 metros de altitud, es el punto de encuentro entre el inframundo de los muertos, Uku Pacha, con el visible, Kay Pacha, y el mundo superior o Hanan Pacha, donde habitaban las divinidades, entre ellas Inti, Viracocha o Mama Cocha.

Desde Cusco se gestaría la transformación de la cultura Inca en el Tahuantinsuyo, el Imperio de las Cuatro partes del Mundo, un estado cohesionado a través de los largos caminos que llegaron a unir regiones tan distantes como Ecuador, Chile o Argentina.

Esos caminos –que podrían sumar más de 23.000 km– favorecían las comunicaciones, el comercio y la expansión de la cultura en un grado suficiente para recibir los tributos que sostenían el gran estado y mantener la autonomía de cada provincia. Las posadas construidas junto a ellos jugaron un papel esencial, dado que permitían la recogida e intercambio de mercancía, y de alguna manera suponían una presencia física del Inca en los más remotos parajes. La diplomacia hacía posible los pactos y las conquistas ganaban terreno allí donde se encontraba resistencia, siendo gobernadas por los Incas por Privilegio, una casta entrenada para gestionar las nuevas ciudades y a sus respectivas etnias en un enorme territorio. La magnificencia del Imperio de las Cuatro Partes del Mundo quedó patente para los conquistadores españoles cuando contemplaron el Qoricancha, el Templo Dorado, el recinto más venerado por los incas y que aparecía cubierto con láminas de oro. Desde él, originalmente conocido como Inticancha o Templo del Sol, partían 41 líneas imaginarias que conectaban en 10 km a la redonda 300 recintos de culto. Los restos de la edificación descansan hoy bajo el claustro del convento de Santo Domingo del Cusco, pudiendo contemplarse los recintos dedicados al arco iris, el rayo, la luna, el sol y las estrellas. Una hornacina del Templo de las Estrellas presentaba una alineación directa con la salida del Sol en el solsticio de invierno, mientras que un corredor estuvo alienado con las Pléyades, la constelación protectora del maíz.

PIEDRAS Y CIUDADES TOTEM
Al terreno del mito, aunque cobra fuerza la raíz histórica, pertenece la fundación de la ciudad por Manco Cápac, quien, tras ser creado en el lago Titicaca por Viracocha, emergería de una gruta en la tierra junto a sus tres hermanos, esposas y tres clanes que le servían con fidelidad. Inti, su padre y dios sol, les había encomendado que levantaran la ciudad donde pudiera ser clavada en el suelo una varilla de oro haciéndola desaparecer, el Tupayauri, indicio de la riqueza agrícola. La leyenda describe cómo a través de diversas peripecias, los hermanos se van quedando por el camino, erigiéndose Manco Cápac como el soberano fundador junto a Mama Huaco.

Este mito está acompañado de singularidades geológicas y arqueoastronómicas como las registradas en el pueblo de Ollantaytambo, donde la tradición ubica el Pacaritanpo, “Casa del Amanecer” o “Palacio de las Ventanas”, la gruta de la que emergieron.

En el solsticio de invierno, el 21 de junio en el Hemisferio Sur, un único rayo de sol rompe al amanecer la oscuridad de un valle que desde lo alto cobra la forma del Árbol Sagrado, simbolizando con ese hilo de luz una suerte de cordón umbilical que termina iluminando una estructura muy definida. Se trata de una antiquísima pirámide en torno a la que sus constructores rebajaron el terreno creando lo que aparentan ser dos grandes ventanas. La tradición indica que por esas ventanas emergieron al mundo los héroes, y corresponde su ubicación con la que tendría un fruto dentro de ese gigantesco árbol de los orígenes incaicos.

Es llamativo que el cerro Pinkuylluna bajo el que se ubica Ollantaytambo presente un rostro esculpido, el de Wiracochan o Tunupa, el profeta o enviado de Wiracocha, que su templo se ilumine durante el solsticio de verano o que actúe como un marcador arqueoastronómico para seguir los movimientos del Sol y de la constelación asociada al maíz, las Pléyades. Cada vez son más los que llaman la atención sobre las peculiaridades de ese rostro que desafía el vacío, perfilando en la montaña en la que está otras partes de su figura, como la bolsa de carga que coincidiría con los depósitos o almacenes construidos por los habitantes de la zona. En sus inmediaciones se halla, en la grieta de una vertiginosa pared, una roca que recuerda la fuerza de la honda de Ayar Cachi, hermano de Manco Capac, capaz de romper montañas. La leyenda dice que se transformaría en pájaro, en un cóndor que se transmutaría en piedra. Ese cóndor gigante se perfila en otro enclave, en el que numerosos altares delatan su condición sagrada. El juego de luces y sombras hace que su ficticia cabeza proyecte sombras especiales en los solsticios, una vitalizadora en el de invierno, y otra que desciende buscando alimento en el solsticio de verano, el 21 de diciembre. Curiosamente, la sombra cae en el centro de un gnomon donde hay un altar en el que se colocaban las ofrendas.

La fortaleza de Saccsayhuaman, edificada durante medio siglo, merecería un artículo propio por la genialidad arquitectónica de los incas. Entre los sillares trabajados con martillos de bronce y piedra se camuflaron animales que se van manifestando a medida que el sol incide en ellos. Serpientes, aves, pumas… cuya simbología pudo vincularse con la fertilidad y las estrellas. En uno de los francos de la montaña de Tamboqasa se diseñó un área que a determinada altura se descubre como una llama y su cría, conjunto que representa tanto al animal como a la constelación oscura, con alfa y beta centauro como sus ojos. En su macroversión terrenal se ubicó un templo dedicado al Sol en la zona de la cabeza, mientras que otra edificación hace las veces de ojo, que de manera muy llamativa es iluminada por el sol el 21 de junio.

Este reportaje fue publicado en ENIGMAS 248, julio 2016.

¿Por qué el día se convirtió en noche durante la crucifixión de Jesús?

Lucas 23:44 «Era ya cerca de la hora sexta, y la oscuridad se extendió por toda la Tierra hasta la hora novena. El sol se oscureció y el velo del templo fue derribado por el medio … »

El llamado Eclipse del siglo, que tendrá lugar el 21 de agosto de 2017, será visible desde los Estados Unidos, donde el día se volverá completamente oscuro debido al fenómeno natural.

Uno similar, el eclipse solar total del 8 de junio de 1918, cruzó los Estados Unidos desde el estado de Washington hasta Florida. Esta trayectoria es aproximadamente similar a la que ocurrirá el 21 de agosto de 2017, y era la última vez que una totalidad del eclipse solar cruzó la nación del Pacífico al Atlántico. El camino del eclipse irá desde el estado de los E. de Oregon en el oeste diagonalmente hacia abajo hacia el estado de Carolina del Sur, cruzando ciudades importantes tales como St. Louis, Missouri, y Nashville, Tennessee.

En relación con el Eclipse del siglo, muchos comenzaron a preguntarse si el relato evangélico de la crucifixión, que describe un día que se hizo oscuro, podría haber ocurrido debido a un eclipse total del Sol, como el que se aproxima en agosto de 2017 .

La llamada oscuridad de la Crucifixión es un episodio en tres de los evangelios canónicos en los que el cielo se oscurece durante el día durante la crucifixión de Jesús.

Además, la referencia bíblica más antigua a la oscuridad de la crucifixión se encuentra en el Evangelio de Marcos, escrito alrededor del año 70. En su relato de la crucifixión, en la víspera de la Pascua, dice que después de que Jesús fue crucificado a las nueve de la mañana, La oscuridad cayó sobre toda la tierra, o toda la gran parte del mundo desde alrededor del mediodía («la sexta hora») hasta las 3 en punto («la novena hora»).

Según Lucas 23:44 «era ya cerca de la hora sexta, y la oscuridad se extendió por toda la Tierra hasta la hora novena. El sol se oscureció y el velo del templo fue derribado por el medio … »

Parece que el Evangelio de Lucas originalmente explicó el acontecimiento como un eclipse, pero muchos estudiosos no están de acuerdo. Muchos autores están de acuerdo en que los detalles bíblicos no coinciden con un eclipse: como un eclipse solar no podría haber ocurrido en o cerca de la Pascua cuando Jesús fue crucificado y habría sido demasiado breve para explicar tres horas de oscuridad. La duración máxima posible de un eclipse solar total es de siete minutos y 31,1 segundos.

El único eclipse total visible en Jerusalén en esta era cayó más tarde en el año, el 24 de noviembre 29 EC a las 11:05 AM.

Además, según Mateo 27:45: «Desde la hora sexta hasta la hora novena, toda la Tierra estuvo en oscuridad.»

Aunque las palabras pueden ser muy claras para muchos, hay eruditos que sostienen que no está necesariamente relacionado con un eclipse solar. De hecho, hay traducciones que no mencionan un eclipse, sino que el sol se oscureció completamente.

Curiosamente, varios teólogos afirman que Jesús fue crucificado el 3 de abril del año 33. Según los documentos y cálculos históricos basados ​​en las ecuaciones de Kepler, un eclipse lunar ocurrió ese día, y no un eclipse solar, que pudo haber sido visible desde Jerusalén.

Una recreación digital muestra cómo la luna comenzó a enrojecerse a las 3 de la tarde, en el momento en que Jesús murió.

Ocurre que un eclipse lunar, presumiblemente sucedió el día que Jesús fue crucificado, no justifica las tres horas de oscuridad descritas por el Evangelio durante el evento.

Cabe mencionar que no se han encontrado referencias contemporáneas a esta oscuridad fuera del Nuevo Testamento. Así que el fenómeno que pudo haber generado tal eclipse continúa siendo un misterio para la ciencia.

Este artículo fue publicado anteriormente en Ancient Code y ha sido traducido y publicado nuevamente por CodigoOculto.com con permiso.

 

Ollantaytambo: ¿Evidencia de avanzada tecnología para cortar piedra en la antigüedad?

Ubicado cerca de Cuzco, del Perú de hoy en día, se puede encontrar uno de los más misteriosos y magníficos sitios antiguos del planeta: Ollantaytambo. En dicho lugar podemos encontrar evidencia de tecnología extremadamente avanzada usada por culturas antiguas hace miles de años. ¿Qué clase de tecnología antigua podría haber dejado tras de si patrones tan intrincados en roca andesita?

Situado en el llamado «Valle Sagrado de los Incas», se cree que esta antigua maravilla de la ingeniería fue construida aproximadamente en el año 1440 por el Inca Pachacuti (Pachacútec). Sin embargo, muchos investigadores creen que esta antigua «fortaleza» se remonta mucho más del tiempo de lo que podemos imaginar.

Ollantaytambo se puede comparar en grandeza a otros sitios como Puma Punku, Teotihuacán e incluso las Pirámides de Giza.

Miles de años después de la construcción de Ollantaytambo, los arqueólogos y los investigadores todavía no logran explicarse cómo exactamente la humanidad antigua fue capaz de explotar canteras y transportar gigantescos bloques de piedra de más de 50 toneladas cada uno.

Algunos de los trabajos de piedra presentes en Ollantaytambo incluso exhiben lo que muchos llaman evidencia de «tecnología extremadamente avanzada» que se ha perdido durante miles de años.

¿Qué hemos perdido en Ollantaytambo? ¿Es posible que este sitio antiguo fuera construido únicamente con el uso de herramientas de madera y cobre? ¿Cómo lograron los antiguos cortar gigantescas rocas extraídas de la montaña, transportarlas a través de las llanuras, trasladarlas a través de los ríos y elevarlas y ubicarlas donde se encuentran actualmente?

Ollantaytambo es una maravilla de la ingeniería y la arquitectura, es tanto una fortaleza y ciudad compleja, y muchas preguntas se han planteado a lo largo de la historia con respecto a la construcción de este antiguo sitio.

Mirando a Ollantaytambo encontramos un lugar particular de extremo interés, en especial por los enigmáticos gigantescos bloques de piedra que presentan patrones de cortes precisos.

Estos patrones -según muchos- parecen como si hubieran sido realizados por algún tipo de maquinaria luego de ser removidas. ¿Qué tipo de tecnología podría haber permitido realizar tales patrones hace miles de años?

Algunos incluso se han aventurado y han dicho que estos fascinantes patrones de entrecruzamiento son, de hecho, marcas que podrían haber sido creadas por algún tipo de aparato láser o máquina de sierra, apuntando a la posibilidad de que miles de años atrás, antiguos constructores de sitios, tales como Ollantaytambo, Tiahuanaco, y Puma Punku tenían en su posesión tecnología hoy perdida, y que les permitió a explotar con facilidad la cantera, y extraer los colosales bloques de andesita.

La superficie de la roca parece áspera, pero al tocarla se siente tan suave como un espejo de baño, lo que significa que se utilizó algún tipo de proceso de vitrificación. En el fondo de donde se ha cortado este hueco, podemos ver un patrón cruzado, en mi opinión, en realidad se ven marcas. Para mí este patrón es una prueba irrefutable de tecnología avanzada en la antigüedad”, Giorgio A. Tsoukalos.

Vean las siguiente foto:

¿Es posible que todo esto se haya logrado hace miles de años con herramientas de bronce y cobre?

Mucha gente cree firmemente que para realizar tales maravillas arquitectónicas en la actualidad, debió utilizarse tecnología avanzada en la antigüedad.

¿Qué clase de tecnología antigua podría haber permitido realizar tales patrones cruzados intrincados?

Publicado en : Codigo Oculto

Un petroglifo hallado en EE.UU. podría representar un eclipse solar total visto hace 1000 años

Por RT

El dibujo encontrado en una roca del cañón del Chaco, EE.UU., sería la representación de un fenómeno espacial observado por los indios pueblo en 1097, estiman científicos.

Mientras en EE.UU. esperan el eclipse solar total del 21 de agosto, resulta que un petroglifo encontrado en el parque histórico nacional de la Cultura Chaco en el estado de Nuevo México (EE.UU.) revela un evento similar observado por los indios pueblo hace 1000 años.

De acuerdo con el profesor Emeritus J. McKim ‘Kim’ Malville, de la Universidad de Colorado en Boulder, citado por la página del centro educativo, el dibujo tallado en la roca conocida como Piedra del Sol representa un círculo semejante a la corona solar, con protuberancias enredadas que salen de los bordes. El investigador afirma que el petroglifo podría ser la representación de un eclipse solar total que se produjo en la región el 11 de julio de 1097.

La roca, descubierta por primera vez en 1992, también lleva un gran petroglifo espiral en su lado este que marca los amaneceres unos 15 días antes del solsticio de junio. Una sombra triangular proyectada por una gran roca en el horizonte cruza el centro de la espiral en ese momento. Malville sostiene que el mismo podría haber sido utilizado para iniciar una cuenta atrás para el solsticio de verano y las festividades relacionadas al mismo. Ese lado de la roca también contiene un hoyo en forma de una taza donde la gente probablemente dejaba ofrendas.

“Este posible petroglifo del eclipse en la Piedra del Sol es el único que conocemos en el cañón del Chaco”, comentó Malville. “Creo que es muy posible que el pueblo chacoano se haya congregado alrededor de Piedra del Sol en ciertas épocas del año para ver cómo el sol se alejaba del solsticio de verano, cuando ocurrió el eclipse”.

Te puede interesar: Paleocontacto «con tacto»

antiguos astronautas
El códice ovni: toda la verdad sobre los alienígenas ancestrales o antiguos astronautas y la hipótesis de paleocontacto

LOS GIGANTES DEL DILUVIO

Prácticamente todas las culturas se refieren a una misteriosa estirpe de gigantes que vivió justo antes de que una gran inundación cambiara la faz de la Tierra. Así lo atestiguan numerosas leyendas, muchas de las cuales relacionan a estos enigmáticos seres con una Edad de Oro del conocimiento, cuando no directamente con la creación de los seres humanos. Al contrario que la arqueología ortodoxa, que rechaza estos relatos tachándolos de míticos e improbables, no son pocos los investigadores que defienden la existencia de estas inquietantes criaturas. Por Josep Guijarro.

La presencia de gigantes en la antigüedad sigue siendo tabú para la arqueología oficial. En general, porque si una raza colosal pobló la Tierra en tiempos pretéritos, podría cuestionar la cronología convencional de la evolución humana o, en el mejor de los casos, pondría en evidencia la existencia de otra civilización avanzada anterior a la nuestra. Y, en ese caso: ¿Quiénes eran?
Pese a la cerrazón académica, hallaremos sin dificultad numerosas referencias históricas, mitos y leyendas que aluden a estos gigantes. En 1928, por ejemplo, un campesino de Ras Shamra, población costera del norte de Siria, encontró la entrada a una necrópolis que daría lugar al posterior descubrimiento de las ruinas de la antigua ciudad-estado de Ugarit. El encargado de llevar a cabo las investigaciones más importantes fue el arqueólogo francés Claude Schaeffer quien, en un edificio que pudo ser identificado como el Palacio Real, descubrió varios textos religiosos en lengua ugarítica. Este alfabeto que reemplazó a la escritura cuneiforme, de origen mesopotámico, emergió en torno al siglo XV a. C.
En tres tablillas de arcilla, destacaba La leyenda de Keret, una epopeya de la Edad del Bronce que se refiere al dios El (deidad principal de los cananeos) y en la cual el rey Keret promete que la gloria de su familia será restaurada y menciona el linaje de los ditanitas, del que era descendiente el monarca. Lo interesante es que los didanum o ditanitas son los precursores de los nefilim, es decir, el pueblo de gigantes o titanes que es mencionado en el Génesis 6:4 y en el Libro de los Números 13:33. ¿Existieron realmente los gigantes? ¿Cohabitaron la Tierra junto a los hombres? ¿Por qué desaparecieron?

A parte de este texto cananeo y los versículos de la Biblia antes mencionados, muchos otros escritos sagrados de la antigüedad refieren la existencia de seres gigantescos poblando la Tierra antes de un «diluvio» y, además, los relacionan directamente con la creación de los seres humanos.

En el Majabhárata se habla de ellos de manera clara y elocuente, igual que en los textos sagrados tailandeses, en los de Ceilán o en las tradiciones egipcias, las irlandesas y las vascas. Pero, si efectivamente existieron estos enigmáticos gigantes, ¿acaso no nos dejaron alguna evidencia de su paso por la Tierra?

NOTICIAS SIN CONFIRMAR
Si buscamos por Internet, hallaremos decenas de fotografías de presuntos restos óseos de gigantes en otras tantas dudosas excavaciones arqueológicas. En realidad, se trata de burdos fraudes promovidos, generalmente, por sectores creacionistas que quieren sembrar la duda sobre la Teoría de la Evolución de Darwin. Huesos y cráneos de tamaño colosal que han sido creados con programas informáticos de retoque fotográfico o que pertenecen a dinosaurios extintos. En consecuencia, para investigar sobre los gigantes que poblaron la Tierra; los nefilim y los refaim, tenemos que armarnos de espíritu crítico y contrastar debidamente todas las fuentes.
Viene a cuento porque, en 2014, una noticia corrió como la pólvora por la red de redes. Aludía a una sentencia de la Corte Suprema de EE UU que obligaba al Instituto Smithsoniano a liberar de sus archivos documentos clasificados de principios del siglo XX, informes que demostrarían la participación de esta prestigiosa organización académica en un encubrimiento histórico. Según denunciaba James Churward, portavoz de la Institución Americana de la Arqueología Alternativa (AIAA), el instituto habría destruido cientos de restos de gigantes descubiertos en EE UU por orden ejecutiva de funcionarios del Gobierno. La triste realidad, sin embargo, es que la noticia, copiada y pegada en miles de blogs en todos los idiomas, procedía del semanario World News Daily Report, una publicación de sátira política que advierte que todos los artículos que aparecen en su web son ficción, del mismo modo que lo serían las noticias que también publica.
Ni el «James Churward» citado en la información ha sido nunca portavoz de la AIAA, ni hay (o hubo) una conspiración para hacer desaparecer restos de gigantes por parte del Smithsonian, asunto que evidentemente jamás habría llegado a la Corte Suprema de EE UU. Con todo, la idea de la conspiración sigue vigente, y no sólo en Norteamérica.

HUMANOS COLOSALES A ORILLAS DEL DANUBIO
Si queremos encontrar «gigantes» de verdad, hay que depurar fuentes y/o hacer un seguimiento de las informaciones. En marzo de 2015, la Agencia de noticias Novinite, de Sofía (Bulgaría), se hizo eco del hallazgo de un esqueleto muy particular en los alrededores de Varna, la otrora ancestral ciudad de Odessus, una base de comercio establecida por los milesios a principios del siglo VI a. C. Según esta nota, Valeri Yotov, arqueólogo que formó parte del equipo de excavaciones, habría explicado que el tamaño de los huesos de este esqueleto eran «impresionantes», y que pertenecían a «un hombre muy alto», si bien no reveló su estatura exacta.

Dos años antes, en Santa Mare (Rumania), se había desenterrado el esqueleto de otro guerrero gigante datado en el 1600 a. C. Lo apodaron «Goliat» porque superaba los dos metros de altura, algo muy inusual para la época y el lugar del hallazgo, donde la media de sus antiguos habitantes era de metro y medio. El «Goliat» de Santa Mare fue enterrado, además, con una impresionante daga acorde con su estatura. Ignoro cuáles son las razones por la que estos «gigantones» neolíticos proliferan en Europa del Este, aunque yo mismo he tenido oportunidad de reunir evidencias arqueológicas de su posible existencia en países como Azerbaiyán y Serbia

Mientras recorría el Danubio entre los desfiladeros de la llamada Puerta de Hierro, que separan los Cárpatos de los Balcanes y crean la frontera natural entre Rumania y Serbia, encontré el sorprendente yacimiento de Lepenski Vir, cuya  antigüedad es de más de 8.000 años.

El profesor Dragoslav Srejovic visitó el lugar por primera vez en 1960, al frente de un grupo de expertos del Instituto Arqueológico de Belgrado. La campaña se prolongó durante años y determinó, entre otras cosas, que la dieta de los habitantes de este enclave estaba conformada por pájaros, pescados, uros, ciervos y naturalmente agua. Y era importante saber qué comían porque, entre los hallazgos más relevantes, se encontraron dos esqueletos gigantes de 2,30 metros de altura, que contrastaban con los apenas 1,60 de los individuos más altos de la comunidad.

Además, habían sido enterrados de forma peculiar. El primero de los esqueletos yacía junto al cráneo de un uro sobre el hombro derecho, sin que los expertos determinaran a qué obedecía esta yuxtaposición. El otro reposaba en una posición aún más llamativa, puesto que parecía estar meditando en la ¡posición del loto! En el yacimiento, además, se encontró la llamada «Dama de Lepenski Vir», una venus neolítica con el cráneo estirado que trajo a mi memoria las deformaciones típicas de las tribus mesoamericanas… En el libro La historia suprimida de América se describen los descubrimientos de la famosa expedición dirigida en 1804 por Lewis y Clark, a través de territorios que no habían sido aún saqueados por los euro peos y que, posteriormente, fueron parcialmente censurados porque evidenciaban la existencia en esa tierra de gigantes de civilizaciones avanzadas y de otros visitantes anteriores a los occidentales.

Y digo tierra de gigantes porque, enterrados en los montículos indígenas de los nativos americanos, como los de la cultura adena, que existió en el centro-noreste de EE UU entre los años 1000 a 200 a. C. y cuyo montículo más importante se ubica en Chillicothe (Ohio), se hallaron restos «humanos» con entre 2 y 3 metros de altura. ¡Gigantes!

Que los tabloides falseen que el Smithsonian oculta pruebas, no significa que esta institución esté libre de sospecha…

Hasta su muerte en 1999, el padre Carlos Miguel Vaca custodiaba varios huesos desenterrados de un sitio denominado Changaiminas, que significa «cementerio de dioses», en Loja, una localidad situada al sur del Ecuador, en la frontera con Perú. Según su testimonio, varios fragmentos fueron enviados al Instituto Smithsoniano para su estudio, pero jamás han trascendido sus resultados. Incluso Erich von Däniken creó una reproducción de este supuesto gigante para su parque de Interlaken (Suiza).

De acuerdo con un artículo publicado el 5 de abril de 1909 en The Arizona Gazette, también el célebre Cañón del Colorado fue el hogar de una civilización de individuos de grandes proporciones. El texto menciona el descubrimiento de una ciudadela subterránea por parte de un explorador llamado G. E. Kinkaid, quien tropezó con ella mientras hacía rafting en el río Colorado. Vale la pena mencionar que Kinkaid era arqueólogo y, curiosamente, tenía apoyo financiero del Instituto Smithsoniano. Uno de los pioneros en destapar este tipo de recortes y hallazgos arqueológicos ha sido Jim Vieira quien, tras visitar algunos montículos del norte de EE UU, documentó la presencia de esqueletos gigantes desde el siglo XIX.

Los escépticos contraatacaron diciendo que se trataba no de gigantes, sino de gigantismo, una enfermedad hormonal causada por la excesiva secreción de la hipófisis que da lugar al crecimiento desmesurado de brazos y piernas, así como del cráneo. Eso podría explicar la altura de algunos cuerpos entre los 2 a 3,3 metros, peno no sus características anatómicas peculiares; frente prominente, cráneos alargados y, eventualmente, con más de una hilera de dientes. Algunos genetistas aseguran que la raíz de estos cambios está en su ADN y no en una patología como el malfuncionamiento hormonal.

TAMBIÉN EN LA PENÍNSULA IBÉRICA
El historiador Juan Bautista Binimelis aseguraba que las famosas Taulas menorquinas habían sido fabricadas forzosamente por o para los gigantes, e incluso documentaba el hallazgo de restos óseos en algunas cuevas de las Islas Baleares. Se me  objetará que las creencias científicas han evolucionado desde el siglo XVI, tiempo que le tocó vivir en suerte a Binimelis. Por esa razón, resultaba de gran importancia verificar el hallazgo referenciado por el cartógrafo Fernando Ledesma Rubio en un trabajo titulado Cerdaña, esmeralda de los Pirineos. En él se alude al descubrimiento, en 1915, de un cráneo y varios fémures en la cueva de Anés, cerca del llamado sepulcro o dolmen de Orén, en los Pirineos catalanes. Estos huesos poseerían entre setenta y noventa centímetros de longitud, lo que situaría al individuo en la «NBA del neolítico», con cerca de ¡tres metros de altura!

Mi buen amigo Miguel G. Aracil trató de localizar en vano los huesos de este gigante en el Museo Arqueológico de Barcelona, donde, presuntamente, fueron trasladados para su estudio. Sin embargo, el doctor Domènec Campillo, un reputado especialista en antropología forense, restó importancia al hallaz go, primeramente aduciendo que el individuo padecía hidrocefalia para, más tarde, negar que los restos estuvieran siquiera catalogados en el museo… Hasta que dimos con ellos en el laboratorio de antropología forense. Etiquetados como una rareza, pude fotografiar (junto a un cráneo de tamaño convencional) a este «gigante» que oficialmente «no existía». La «enfermedad» que presuntamente padecía este indivi duo de la Edad del Bronce no explica por qué las herramientas halladas junto al cráneo eran proporcionales, ni la longitud del fémur, más propio de una acromegalia, un desajuste hormonal que provoca el crecimiento anormal de las extremidades (brazos, piernas, dedos, barbilla, etc.), que de una hidrocefalia. También el investigador catalán Joan Obiols relata el descubrimiento en el ábside de la iglesia de Garós, en el Valle de Arán, de otro gigante de tres metros. En este caso, el cráneo estaba trepanado con un antiquísimo clavo de hierro. El hallazgo fue objeto de estudio por parte de Mossen Jaquet, el antiguo párroco de la localidad, pero, desgraciadamente, el esqueleto se halla en paradero desconocido. «Lo más probable –asegura la paleontóloga Meave G. Leakey– es que aún no hayamos encontrado nuestros primeros auténticos antecesores, porque en el registro fósil que conocemos no están presentes cada uno de los fósiles correspondientes a todas las especies que han existido. Así que es muy probable que todavía no hayamos encontrado el correcto. Tenemos que seguir buscando»… Cabe preguntarse entonces: ¿Es casual que el Génesis bíblico sitúe en el paraíso, entre los ríos Tigris y Éufrates, a los «padres» de la Humanidad? Naturalmente que no. Entre las planicies aluviales de estos ríos prosperó la primera y más antigua civilización del mundo, la Sumeria, escenario –entre otros– de dos de los descubrimientos fundamentales de la Historia: la rueda, que aparece en torno al 3500 a. C., y la escritura, en el 3300 a. C., además de las primeras estructuras sociales, las primeras ciudades…

LA CLAVE: ARTEFACTOS COLOSALES
Y es en la antigua Sumeria donde hallamos otra clave del enigma. A 25 Kms. al sur de Al-Hina (la antigua Lagash), en el actual Irak, se excavó el primer yacimiento sumerio. Todo cuanto queda hoy de la histórica Girsu son montículos que cubren una superficie de más de 100 hectáreas, pero su importancia es vital para estudiar los orígenes de nuestra civilización.

Las excavaciones fueron capitaneadas por el vicecónsul francés en Basora, Ernest de Sarzec, quien trabajó en Tel Telloh, nombre actual del enclave, entre los años 1877 y 1900. Hizo hallazgos espectaculares que, en su mayoría, se conservan en el Museo Británico. Pero hay un artefacto, cuyo paradero se desconoce, que nos invita a dejar volar nuestra imaginación. Se trata de una curiosa vara de cobre, de 3,35 metros de longitud, que fue encontrada junto al santuario de Abzú. Construida con un núcleo de madera tubular, recubierta de cobre y sellada con betún, este extraño báculo está coronado por una esfera. Poco antes de llegar a ella, es visible un semicírculo del mismo material. Completaba el misterioso hallazgo una tira metálica, probablemente de cobre, que debía estar en el interior. La pregunta es: ¿Para qué servía?

En realidad, lo desconocemos. Sólo sabemos que el objeto está representado en cientos de tablillas sumerias, generalmente siendo portado por Lahmu, el guardián del Abzú, y en otras por Ningishzida, el dios del Inframundo con cuerpo de serpiente (otro de los mitos persistentes en todas las civilizaciones) custodio de Anu, las puertas del cielo.

Ahora bien, si la vara tenía más de tres metros y las tablillas representan a su portador con idéntica altura… ¿Será que tenían la misma? ¿Eran gigantes?

Aunque la idea de una raza misteriosa de seres colosales está rodeada por un aura de sensacionalismo, basta con investigar un poco para darse cuenta de que hay piezas que no encajan, restos óseos que piden a gritos un examen nuevo. Tal vez entonces constatemos lo que ya sabemos: que toda leyenda, todo mito, tiene un poso de verdad que nos invita a reescribir nuestra historia.

Este reportaje fue publicado por Josep Guijarro en el n´mero 307 de la revista AÑO/CERO 

El Necronomicón: ¿El Libro más peligroso de la humanidad?

El Necronomicón es considerado uno de los libros más peligrosos del mundo. Una creación literaria que viaja entre los límites de la ficción y la realidad brutal; se cuenta que las personas que han osado leerlo y estudiar las profecías, hechizos, encantamientos y juicios contenidos en él, a menudo han caído en la locura o la muerte. (Publicado en Código Oculto)

El gran escritor Howard Phillips Lovecraft, a través de diferentes novelas descubrió un libro que contenía un relato de fórmulas mágicas para invocar lo sobrenatural, además de insinuar un conocimiento particular de la relación espacio-tiempo.

Muchos lectores de todo el mundo han tratado de localizar una copia impresa de este libro misterioso, pero los resultados no tuvieron éxito, este libro es considerado por los expertos como uno de los libros más peligrosos de la humanidad. Las ideas horribles y oscuras verdades que narra este libro, puede llevar a sus lectores a la locura y la muerte.

El escritor estadounidense H.P. Lovecraft supuestamente creó el libro conocido como «El Necronomicón». En el mundo gótico de horror de Lovecraft «El Necronomicón» es un libro que según afirman algunos contiene la realidad terrorífica de la historia oculta del mundo además de oscuros rituales con el poder de destruir toda vida en la tierra. Lovecraft a través de sus novelas despertó el interés sobre el Necronomicón tanto en sus seguidores más acérrimos, lectores curiosos y estudiosos del ocultismo. Con el paso del tiempo se ha discutido sobre la veracidad del Necronomicón y su existencia. ¿Cuál es la oscura verdad oculta detrás de grimorio de ficción de H.P. Lovecraft?

A través de los años los expertos en ocultismo han teorizado sobre este macabro libro y con el paso del tiempo también han aparecido muchas copias falsas del Necronomicón. Pero las mejores pistas sobre la verdadera historia detrás del mítico Necronomicón las podemos encontrar en los propios trabajos de Lovecraft. Es cierto que Lovecraft admitió que su Necronomicón era una obra de ficción, pero en su propia biografía sobre el Necronomicón en 1927, hace muchos errores deliberados que dan pistas sobre la verdad detrás de la ficción de Lovecraft.

Según afirman muchos expertos, Lovecraft probablemente era consciente de que no era oportuno revelar la verdad a través de sus cuentos y novelas. Lovecraft dijo que su Necronomicón fue escrito en el 700 d.C. por un árabe loco llamado Abdul Al-Hazred en Damasco. Pero, ¿quién fue el verdadero autor de este notable libro? El astrólogo y escritor Abu «Ali al-Hasan fue señalado por muchos como el verdadero autor aunque el místico judío Alhazen ben Joseph también fue propuesto. La mayoría, sin embargo, sugiere que el verdadero nombre del loco árabe Abdul Al-Hazred era Abu «Ali al-Husayn, conocido como Ibn al-Rawandi o Rhazes.

La historia del Necronomicón

Rhazes nació en el año 827 d.C. en Marwarrudh actual norte de Afganistán. Al principio de su vida se unió al Islam ganando el reconocimiento entre ellos. También estudió la Cábala, el Sufismo, el árabe y el gnosticismo cristiano. Él escribo varios libros, tanto en la teología y la filosofía de los cuales sólo quedan algunos fragmentos. Después de algunos años estudiando el ocultismo Rhazes comenzó a realizar peregrinaciones y expediciones a lugares remotos y salvajes. Pasó varios meses con un desconocido maestro en el desierto de ad-Dahna antes de desaparecer por más de 10 años sin dejar ni rastro en el desierto rojo de Rub’ al Khali. Según su propia escritura, vivió durante este tiempo en la mítica ciudad perdida de Iram donde estudió enseñanzas antiguas y secretas. Cuando se fue de Iram viajó a Alejandría, El Cairo, y luego a la necrópolis de Saqqara, en Menfis. Rhazes dedicó el resto de su vida al estudio de las ciencias ocultas y la escritura de su libro, «Al Azif».

El Al Azif fue editado a unos pocos ejemplares entre los místicos árabes y teólogos. El libro se prohibió por su contenido y todas las copias conocidas fueron destruidas. A principios del año 1100 d.C., Al Azif fue traducido al griego probablemente en el monasterio de San Pablo, el anacoreta en Egipto, y al parecer le dio el título de «Νεκρονομικòν (Necronomicón)». En 1211 d.C. la traducción griega estaba prohibida y todas las copias conocidas fueron quemadas por orden del Patriarca de Constantinopla Miguel IV.

A principios del siglo XIV el Al Azif se tradujo por primera vez al latín por Arnaldus de Villa Nova (1235-1311), probablemente basado en el libro original perdido del Al Azif. En 1389, el Papa Bonifacio IX prohibió todos los libros relacionados con el Al Azif, tanto la traducción de Arnaldus como la versión griega. Las órdenes de Bonifacio IX era quemar todas las copias que se pudieran encontrar. Algunas fuentes afirmaron que una de las traducciones griegas del Necronomicón llegó a Rusia en la caída de Constantinopla en 1453.

El libro se mantuvo al parecer en la en la biblioteca privada del zar hasta la caída del imperio zarista. Hay rumores sobre copias que se imprimieron durante el año 1500. Rasputín decía poseer uno de estos libros, que supuestamente era un regalo de la tercera esposa de Tsar Nicholas. No se conoce ninguna de estas copias hoy en día. La única copia conocida del texto árabe original «Al Azif» y la traducción prohibida griega fue destruida o robada cuando los beduinos saquearon el monasterio de San Pablo y quemaron su biblioteca en el año 1448 d.C.

En 1541, el alquimista y místico alemán Theophrastus Paracelsus imprimó su propia traducción alemana de la versión al latín de Arnaldus. Una copia del libro de Paracelsus se dice que fue tomado como botín por los suecos en Praga en 1648, pero fue probablemente destruido en el gran incendio en el Palacio Real de Estocolmo en 1697. Durante el año 1600, el inglés místico John Dee terminó su propia traducción al inglés del Necronomicón. El texto no se publicó hasta después de la muerte de Dee. Meric Casaubon imprimó la traducción al Inglés de Dee en una edición muy limitada en 1651. En 1652 el médico danés Olaus Wormius realizó una nueva impresión de Arnaldus en Alemania.

El Necronomicón de Simon

Otra de las versiones más conocidas es el llamado Necronomicón de Simon. Avon Books fue fundada en 1941 por la Corporación de Noticias de América (ANC) para crear un rival para la edición de libros de bolsillo. Avon publicaba novelas baratas, así como colecciones de cuentos dirigidas al público más joven. Entre los escritores que fueron publicados se encontraba H.P. Lovecraft. Tras cambiar de propiedad un gran número de veces en los años 40, 50 y 60 Avon decidió dar un giro en sus publicaciones a mediados de la década de 1970. Se desconocen los motivos por el cual decidieron crear una versión propia del Necronomicón, pero lo que muchos afirmaron es que se trataba de algo más que del simple objetivo de hacer dinero.

De este modo, en 1977 Avon Books publicó el «Necronomicón de Simón». Se tituló así debido que fue escrito por un hombre identificado sólo como «Simon». El libro pretendía derivar su contenido desde la mitología Sumeria, sin embargo lo que realmente se trataba era más de la mitología Babilónica y su introducción trató de identificar los Grandes Antiguos y otras criaturas introducidas en Mythos de Lovecraft con dioses y demonios Sumerios y Babilónicos. Los cuentos presentados en el libro eran una mezcla de mitos mesopotámicos y una historia desconocida sobre un hombre llamado el «árabe loco». Lo extraño de la publicación era que el Necronomicón de Simon no tenía vinculación directa con los escritos de Lovecraft. De hecho, Lovecraft escribió muy poco acerca del Necronomicón, habiendo sólo unos pocos pasajes de sus historias en las cuales cita al libro. Tal vez el más conocido es:

«Que no está muerto lo que puede yacer eternamente, y con los evos extraños aun la muerte puede morir.»

Este clásico pasaje no está incluido en el Necronomicón de Simon, lo que para algunos es una prueba de que el «Necronomicón» realmente existió.

Más allá de la leyenda

El Necronomicón, en todas sus versiones es considerado por los expertos como uno de los libros más peligrosos de la humanidad. Las ideas horribles y las verdades oscuras que este libro, de una manera terriblemente convincente, da a sus lectores a menudo han llevado a la locura y la muerte. Además de las antiguas verdades y profecías premonitorias, el libro también contiene hechizos y encantamientos que en manos equivocadas puede crear un daño impensable. Todas las copias originales conocidas del Necronomicón se mantienen bajo llave y no están disponibles al público. Varias organizaciones y sociedad por diferentes razones buscan todas las copias del libro que se encuentra aún en manos privadas. Cualquier intento de difundir el contenido del Necronomicón ha acabado en tragedias debido a accidentes que son atribuidos a la maldición que parece acompañar al libro, siendo un gran misterio todo lo que rodea el mundo del Necronomicón.

El atemorizante Gidim o Espíritu de Muerte en Mesopotamia

Publicado ensupercurioso.com: En la antigua civilización mesopotámica los fantasmas o espíritus eran una gran parte de su cultura, pero entre ellos, se creía en la existencia de uno particularmente espeluznante: El Gidim, el espectro sobrenatural que quedaba después de la muerte de una persona y con el que se tenía que tener mucho cuidado. Descubre más sobre ellos.

El Gidim, los temidos fantasmas de la antigua Mesopotamia

Así como las sombras de los fallecidos que rondaban el inframundo, según las creencias de la mitología antigua clásica -griega y romana-, existían en las religiones de Sumeria,Babilónica, Asiria y de otros pueblos mesopotámicos, unos espíritus merodeadores similares.

Se trataba de los gidim, como eran denominados en sumerio y eṭemmu en acadio. La palabra sumeria puede analizarse como compuesta por gig, que significa “estar enfermo” y dim que representa “demonio” o por gi “negro” y dim “acercarse”.

 En la antigua Mesopotamia, los vivos y los muertos estaban estrechamente conectados. Era una creencia indiscutible que la mortalidad era una de las características definitorias de los seres humanos.

Una vez que una persona moría, se convertía en un gidim, o “espíritu de muerte”. El espíritu era una criatura sombría que a veces se aparecía a amigos, familiares y seres queridos y siempre reconocible como la persona que habían sido en la vida.

El atemorizante Gidim o Espíritu de Muerte en Mesopotamia

Sin embargo, los gidim no aparecía al azar, sino que podía ser invocado por los vivos. Los montículos de entierros en Mesopotamia eran más que un lugar donde los restos de las personas eran sepultados para el paso a la otra vida.

Eran un lugar importante porque allí los restos también eran cuidados en caso de que alguna vez fueran necesarios para llamar a un gidim desde el inframundo.

No se sabe cuál era el proceso para enterrar correctamente un cuerpo, pero se cree que variaba según el rango de la persona. Los reyes y las reinas podían tener períodos de luto más largos que los plebeyos, y sus montículos de entierro a menudo  se les llamaba “palacio de descanso” o “casa de la eternidad”.

La existencia de los gidim en la siguiente vida era triste, y por eso era responsabilidad de los vivos dar ofrendas a los muertos. Sin los dones de los vivos, los gidim eran condenados a la sed eterna y a alimentarse de comida amarga y casi inconsumible.

Otras historias dicen que los gidim no comían nada más que polvo y que existían en un reino gobernado tiránicamente por la reina Ereshkigal y su consorte, Nergal.

¿Qué te parecen estas creencias?

Los sorprendentes gatos espías entrenados por la CIA

Publicado ensupercurioso.com: En la historia de la Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) hay algunos momentos que son un poco menos que ilustres, como la vez en que la agencia investigó si era útil usar gatos para escudriñar en reuniones privadas. Entérate cómo le fue al proyecto de gatos espías.

La CIA entrenó gatos espías para conseguir información y estos fueron los resultados

A mediados de los años sesenta, la CIA inició un proyecto de entrenamiento de gatos espías para ver si eso funcionaría, en un experimento de corta duración, apodado “Gatito Acústico”.

Se cree que la idea de colocar micrófonos en gatos vino de un intento de escuchar a un jefe de Estado no identificado que se encontraba en un área con un montón de gatos salvajes. Los agentes de la CIA notaron que los felinos tendían a vagar dentro y fuera de las instalaciones sin llamar la atención de los guardias.

 De acuerdo a lo publicado en el libro Spycraft: La historia secreta de la tecnología de espías de la CIA desde el comunismo a Al-Qaeda, la idea lanzó un proyecto de investigación que generó ridículo y acusaciones después de que fuera divulgada públicamente. La Oficina de Investigación y Desarrollo descubrió una forma deimplantar un transmisor de tres cuartos de pulgada en la parte suelta y carnosa detrás del cuello de un gato y un micrófono en el canal auditivo del mismo felino.

Un cable muy delgado, casi invisible, conectaba los dos dispositivos. El tamaño del transmisor significaba que el dispositivo sólo podía tener pilas muy pequeñas y sólo tenía espacio para grabar una cantidad limitada de audio.

Pero los gatos, aunque capaces de entrar en la ubicación deseada con facilidad, no necesariamente eran los mejores espías. 

El ex-agente de la CIA, Victor Marchetti detalló en su libro The Wizards of Langley: Inside the CIA’s Directorate of Science and Technology, que pronto descubrieron que el gato renunciaría a su misión tan pronto se sintiera hambriento. Además, un gato como éste no podía ser soltado para vagar sin entrenamiento. Su capacidad de concentrarse en un sonido sobre otro era una gran parte de la razón por la que eran espías deseables, pero tenían que enseñarles qué escuchar.

No obstante, ese tiempo de entrenamiento se fue por la borda durante un ejercicio para ver si el gato escuchaba a la gente en un parque sin distraerse.

“LO SACARON DE LA FURGONETA, Y UN TAXI SE ACERCA Y LO MATA. ¡AHÍ ESTABAN, SENTADOS EN LA CAMIONETA CON TODOS ESOS DIALES, Y EL GATO ESTABA MUERTO!”, ESCRIBIÓ MARCHETTI.

La noticia del programa se hizo pública en 2001, cuando el Archivo de Seguridad Nacional desclasificó memorandos sobre la Ciencia y la Tecnología de la agencia que aún estaban fuertemente censurados, pero que incluía uno de 1967 titulado“Observaciones de Gatos Entrenados”.

¿Qué te parece? ¿Imaginabas que intentaron usar gatos espía seriamente?

Te puede interesar: https://www.amazon.es/En-mente-un-gato-DIVULGACIÓN-ebook/dp/B00XCCTUQS?tag=investymister-21

Confirmado: en la Sábana Santa hay sangre.¿Se podría clonar a Jesús?

Un nuevo estudio realizado por miembros del Instituto de Materiales de Trieste y del Instituto de Cristalografía de Bari, ha revelado que la sábana santa de Turín contiene restos de sangre humana.

Publicado en revistaenigmas.com:El sudario es una tela de lino de 4,36 metros de longitud por 1,10 de ancho que se conserva y venera en iglesia de San Juán Bautista de Turín como la mortaja que envolvió el cuerpo de Cristo. En uno de sus lados es visible la imagen de un crucificado que ha sido severamente castigado. El primer cirujano que comprobó la absoluta exactitud anatómica de esas heridas fue el Profesor de Anatomía Comparada de la Sorbona, Yves Delage (de la Academia de Ciencias de París), un convencido agnóstico. Para él no existía la menor duda de que sólo un hombre que hubiera padecido los tormentos físicos de Jesús podría haber dejado tales huellas.

En la Síndone (como es conocida también la Sábana Santa) no hay restos de pintura, pigmentos, o pinceladas. La formación de la imagen es en sí un misterio. Los científicos que la estudiaron en 1977 comprobaron cómo la misma contenía información tridimensional. Resulta muy complicado ofrecer una explicación sencilla de lo que esto significa. El grado de densidad de cada punto de la imagen de la Síndone está matemáticamente relacionado con la distancia del lienzo al cuerpo, es decir, la imagen es más brillante en las zonas que tuvo contacto con el cuerpo (nariz, frente, cejas…) y  menos intensa donde no se tocan (órbitas de los ojos, lados de las mejillas, etc.). El hecho de que en ningún punto de la imagen la intensidad de la «marca» sea cero, implica que la impronta no pudo hacerse por contacto. Este asombroso descubrimiento descarta prácticamente la posibilidad de un artífice humano. A pesar de todo, la  polémica datación efectuada en 1988 mediante la prueba del Carbono 14, fechó el lienzo en la Edad Media, concretamente, entre los años 1260 y 1390.

Ahora, los investigadores han detectado microscópicas muestras de creatinina (un compuesto que suele estar presente en la sangre), unidas a pequeñas partículas de hidrato de hierro, de dimensiones de entre 2 y 6 nanómetros.

Para los especialistas, la unión de ambos elementos es un indicio claro de que el lienzo estuvo en contacto con el cuerpo de una persona que fue torturada.

Al respecto, Elvio Carlino, director de la investigación, publica en la revista científica ‘PlosOne‘, que esas partículas revelan el “gran sufrimiento” por el que pasó la víctima, que luego fue “envuelta en el paño fúnebre”. Dichas características no pueden replicarse, por lo que el hallazgo desmentiría así la teoría de que el rostro humano fue pintado durante la Edad Media.

Naturalmente, este nuevo hallazgo no confirma que la reliquia envolviese realmente el cuerpo de Cristo sino que estuvo en contacto con el cadáver de un hombre sometido a suplicio.

Pero, si admitimos la posibilidad que fuera la mortaja de Cristo una posible derivada sería la obtención de su ADN. Esta opción ya fue explorada casi dos décadas atrás cuando, una webcaliforniana, con el sugerente título de clonejesus.com (ya no está activa), anunciaba entonces su intención de recaudar fondos con el propósito de intentar clonar a Jesucristo empleando para ello las técnicas desarrolladas por el Instituto Roslin de Escocia, donde fue creada la oveja Dolly.

RELIQUIAS CON ADN
En el 2000 se pretendía obtener el ADN de las sagradas reliquias. La cristiandad hace gala de una buena y extensa colección de reliquias susceptibles de contener ADN. Así nos encontramos con restos humanos como en la iglesia de San Pantaleone, donde se venera el brazo, el hígado, el corazón y la lengua de Santa María Virgen. En Sangüesa (España) se veneran dos pelos, uno de María Santísima y otro de María Magdalena. Una oreja de San Pedro se halla en la Abadía de Cleirac, y otra de San Leonardo en Porto Mauricio. La mandíbula de San Mateo reposa en el Santa Sanctórum de Roma. Incluso en muchos lugares se exhibe la leche de la Virgen (Oviedo) y en otros, las plumas del Espíritu Santo. Tenemos noticia, asimismo, de la existencia de al menos sesenta dedos de San Juan Bautista.

Pese al hecho innegable de falsificación de reliquias, el culto a los mártires y santos, de cuyo cuerpo terrenal formaran o no parte las mismas, está plenamente legitimado por la Iglesia su valor trascendente y sobrenatural. Pero una cosa es el empleo de reliquias como un puente o medio instrumental de oración, por el que los católicos pueden elevar su plegaria a Dios, y otra muy distinta utilizar el material genético para obtener una determinada identidad, en este caso la de Jesús.

Tan sólo en Francia se han catalogado 500 dientes del niño Jesús, existen catorce prepucios repartidos por el mundo; en Roma, Burgos, Amberes, Hildesheim, Santiago de Compostela… De la misma manera, existen varios cordones umbilicales del niño Jesús: en Santa María del Popolo en Roma, en San Martino, y uno más (actualmente desaparecido) en Chalons. Una muestra de la sangre de Cristo se halla depositada, también, en Venecia. “Si sólo una de éstas es auténtica, podría proporcionar el ADN necesario para hacer un clon de Jesús” –aseguraRoland B., representante del SCP.

Pero, ¿cómo diferenciar las reales de las falsas? Hasta donde sabemos, los seres humanos tenemos diez dedos en las manos, y no sesenta, como los dedos conservados del Bautista y, por sobrenatural que fuera su naturaleza, Jesús tuvo uno y no catorce prepucios. ¿Cómo podemos estar seguros, entonces, de que la reliquia de la que pretendemos extraer la información genética perteneció realmente a Jesús y no a otra persona?

En mi opinión, la única reliquia con candidatura seria es la sábana santa y, además, permite –si la Iglesia lo autorizara—la comparación con la sangre de otra reliquia catalogada como “Sudarium Domini” y que se conserva en Oviedo.

El sudario de Oviedo es un “trapo viejo, sucio y arrugado” de 855 por 526 milímetros. Está repleto de manchas de sangre del grupo AB (la misma de la Síndone) y de suero de un edema pulmonar (como correspondería a un fallecimiento por crucifixión) según dedujo en un magistral trabajo forense el catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Valencia, el doctor José Delfín Villalaín.

En una entrevista que realicé años atrás al presidente del CES (Centro Español de Sindonología), Jorge Manuel Rodríguez, admitió que se custodiaban en el Instituto Nacional de Toxicología fibras del pañolón de Oviedo impregnadas de sangre para su análisis genético. ”Por supuesto que lo lógico es que se hiciera una comparativa de ADN [con la Sábana Santa] –asegura-, pero todavía no se ha hecho porque no hay muestras que tengan la misma garantía de custodia y los procedimientos científicos adecuados, en el caso de Turín. Ten en cuenta –añade- que las últimas muestras de sangre de la Sábana de Turín se tomaron cuando se hizo la prueba del Carbono 14. Hubo quien, antes de guardar la tela, guardó unas muestras de sangre pero se tomaron sin ningún tipo de garantía, en plan chapucero.” Las muestras de sangre terminaron en los Estados Unidos donde fueron analizadas. Se empleó, asimismo, el método del PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa) y han clonado partes de sangre para comprobar si era posible hacer pruebas genéticas con ella.

Más información: https://goo.gl/UcKaHchttps://goo.gl/zbNW79

LOS OSCUROS ORÍGENES DE LILITH

La demoniaca mujer que abandonó a Adán, se enfrentó a Dios y todavía encarna la maldad y la lujuria.

Por: Paco González

Fuente: http://www.revistaaocero.com/secciones/historia-ignorada/lilith-oscuros-origenes

La mitología hebrea es de una riqueza abrumadora, pues sus relatos sobre la Creación contienen una babel de historias sobre antiquísimas divinidades disfrazadas de hombres y mujeres en apariencia corrientes, pero también de ángeles y demonios, de monstruos e híbridos. Y aquí surgeLilith, la que fue la primera esposa de Adán; o sea, la mujer que compartió el Paraíso con el primer hombre creado sobre la Tierra antes de que Eva irrumpiese en aquel idílico escenario… y antes de que el paraíso se nos negase por el dichoso pecado original.

La historia se cuenta en el primero de los libros del Antiguo Testamento, el Génesis, que también es el primer libro de la Torá y del Tanaj o biblia hebrea. El problema surge cuando leemos ciertos versículos cuyo sentido no termina por quedar claro. De ahí que el significado de dichos textos admita diversas interpretaciones y haya sido motivo de discusiones y especulaciones desde los primeros siglos de nuestra era. Para muestra, un botón: «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Génesis 1:27). Lo que nos interesa es la segunda parte del versículo –varón y hembra los creó–, porque este episodio concreto es anterior a la creación de Eva, que no aparece en escena hasta Génesis 2:22. La conclusión más lógica tras leer Génesis 1:27 es que Dios fabricó una compañera para Adán antes de crear a Eva, posibilidades ambas sobre las que los rabinos y cabalistas hebreos han gastado saliva y papel desde hace mucho tiempo. Quien nos interesa ahora es Lilith, la interpretación rabínica popularizada por el folklore hebreo que la sitúa junto a adán en el paraíso y el porqué de que fuera demonizada nada más poner los pies en aquel jardín primigenio.

Así presentan su interpretación sobre antiguos textos rabínicos que hacen Robert Graves y Raphael Patai en su obra Los mitos hebreos: «Algunos dicen que Dios creó al hombre y a la mujer a su propia imagen el mundo; pero señalan que Eva no existía todavía. Entonces, Dios había dispuesto que Adán diese nombre a todas las bestias, aves y otros seres vivientes. Cuando desfilaron ante él en parejas, macho y hembra, Adán –que era ya como un hombre de veinte años– sintió celos de su amor, y aunque intentó copular con cada hembra por turnos, no encontró satisfacción en el acto. Por ello exclamó: ‘¡Todas las criaturas menos yo tienen la pareja adecuada!’, y rogó a Dios que remediara esa injusticia. Dios formó entonces a Lilith, la primera mujer, del mismo modo que había formado a Adán, aunque utilizó inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro. De la unión de Adán con este demonio-hembra, y con otro como él llamado Naamá, hermana deTúbal Caín, nacieron Asmodeo e innumerables demonios que todavía atormentan a la humanidad».

Vayamos por partes: ¿Por qué Lilith? ¿De dónde salen ese nombre y el inquietante personaje que designa?

Es seguro que los judíos desplazados a Mesopotamia tras la destrucción del Primer Templo de Jerusalén –suceso que dio lugar al exilio y cautiverio de los hebreos en Babilonia (586 hasta 537 a. C.)– conocieron de primera mano los hechos culturales de la sociedad que les había «acogido», de igual modo que lo haría un emigrante actual. Finkel subraya que la mayoría de tablillas halladas en Ur eran «material escolar», esto es: su lectura y aprendizaje estaban al alcance de los hijos e hijas de los emigrados hebreos. De ahí que se sostenga que los escribas del Génesis se inspiraron en dichos textos a la hora de componer el primer libro del Antiguo Testamento. La conclusión era y sigue siendo lógica: los redactores del Génesis y otros libros de la Biblia se basaron en aquellas historias a la hora de escribir las Sagradas Escrituras.

Hay consenso académico en que el personaje de Lilith también nació en Sumeria: «El nombre Lilith procede del término asirio-bailónico lilitu, ‘demonio femenino o espíritu del viento’, que formaba parte de una tríada mencionada en los conjuros babilónicos. Con anterioridad aparece como ‘Lillake’ en una tablilla sumeria encontrada en Ur, que contiene el relato de Gilgamesh y el sauce. Aquíse trata de un demonio hembra  que habita el tronco de un sauce cuidado por la diosa Innana (Anat) en las orillas del Éufrates. La etimología popular hebrea parece haber derivado Lilith de layit, noche; y por eso a menudo se interpreta a Lilith como un monstruo nocturno y peludo, cosa que también sucede en la tradición popular árabe. Los hijos de Lilith se llaman ‘lilim’. En elTargum Yerushalmi, la bendición sacerdotal de Números 6, 26 se convierte en: ‘¡Que el Señor te bendiga en todos tus actos y te guarde de los lilim!’»

Así pues, los antiguos cabalistas hebreos pusieron a una mujer en el paraíso bíblico, junto a Adán y antes de que Dios creara a Eva. Pero algo se torció. Aquella mujer, de nombre Lilith, abandonó a su compañero y se enfrentó a Dios y a sus ángeles, lo que le valió una terrible condena. Pero la sombra de Lilith es alargada, tanto que se proyecta hasta nuestros días. Muda de grandes artistas y objeto de estudio de insignes pensadores, Lilith escapó del mito para alcanzar lo más parecido a la vida eterna, oscureciendo a Eva, su sumisa rival en el Edén, y ascendiendo a lo más alto del pedestal de las diosas paganas.

Lee el reportaje completo sobre «Lilith, la diosa de la oscuridad», de Francisco González en el nº 321 de la revista AÑO/CERO

La tumba de Cristo en Japón

Hay historias que son parte de la piel de la humanidad. Dudar de ellas es poner en solfa toda una serie de costumbres, de valores, desequilibrar la misma construcción de la sociedad. Porque si alguna de ellas fuese diferente, la historia, a lo grande, habría sido muy distinta…
Javier Martín

Fuente: http://www.revistaenigmas.com/secciones/grandes-reportajes/tumba-cristo-japon

Puede valernos, por ejemplo, la historia de Jesucristo, el mismo Dios hecho carne para los cristianos, el personaje en torno al cual se asentó la sociedad occidental. ¿Qué hubiera pasado si la historia no hubiese asumido la muerte de Jesús a los 33 años en el monte Gólgota y su resurrección milagrosa y salvadora a los tres días? ¿Y si hubiera huido de Judea cuando más intensa era su persecución y hubiese llegado, no sé, por decir algún sitio… a Japón? Estaréis conmigo en que los valores occidentales habrían cambiado; y mucho.

Pues aunque parezca increíble, esta historia tiene no pocos seguidores en un pequeño pueblo del norte de Japón. Shingo es su nombre. No en vano, entre campos de arroz, manzanos, y rodeada de bosques montañosos, sobre un altozano descansa una sencilla tumba con dos cruces. No es un monumento funerario sin más. Hay quien dice que allí reposan los restos del mismísimo Jesucristo. Porque fue en Shingo donde habría muerto. Y no lo habría hecho a aquellos simbólicos 33 años. Y no habría sido crucificado. Habría dejado este mundo ya bien crecidito. A los 106 años nada menos. Y de muerte natural. Pongamos tierra de por medio y alejémonos unos 11.000 kilómetros de nuestro país. Nos vamos a la prefectura de Aomori, en el norte de la isla principal del archipiélago que forma el país, Honshu. Y ya que estamos por estos lares, trasladémonos hasta aquella pequeña localidad de tal prefectura, a Shingo, para conocer dicha historia.

NUMEROSAS SORPRESAS
A siete horas en automóvil de Tokio, este pequeño pueblo recibe no pocas visitas que desean conocer de primera mano la esencia de esta increíble leyenda. Allí, el visitante que no esté avisado de las peculiaridades de Shingo puede llevarse un buen soponcio. Quizá haya de contemplar una decena de veces la leyenda de un cartel indicativo que hay una de sus calles para pensar que no se trata de un efecto del exceso de sake. Uno de esos letreros que dirigen a los turistas hacia un lugar de interés. Porque sin duda, el visitante despistado que simplemente haya parado su coche en Shingo para tomar un helado de ajo –es especialidad allí– habrá de sentirse aturdido cuando lea, tanto en caracteres japoneses como en inglés, un cartel que advierte que allí mismo se encuentra nada menos que la tumba de Cristo. Y, para más inri –nunca mejor dicho–, también un museo dedicado al mismo Mesías.

Kaitenku Taro Jurai, o lo que es lo mismo, Jesucristo. Así conocen en este extraño pueblo a ese vecino milenario que su leyenda dicta que es el Dios hecho hombre para los cristianos. Pues más allá de la incredulidad que os puede producir lo que contamos, procedemos a relatar de qué manera Kainteku acabó en Kirisuto no Sato, o en la “ciudad de residencia de Jesús”, vamos, en Shingo. Empecemos para ello con los años más misteriosos de Jesús, aquellos en los que no se hace referencia alguna de su biografía en el Nuevo Testamento.

Según el relato de los evangelistas, los llamados “años oscuros o años perdidos” del Galileo se prolongaron entre sus 12 y los 30 años. Si queremos ser un poco más concretos, la laguna biográfica se alarga desde la visita con sus padres, Jesús y María, a Jerusalén para celebrar la Pascua con 12 años, hasta que, con 30, inicia su vida adulta de predicación. La única referencia de esos años en el Nuevo Testamento ahonda en que durante ese largo periodo, Cristo profundizó en conocimiento espiritual y en la búsqueda de la sabiduría para convertirse en el maestro que acabó siendo. Nuestra leyenda nipona pone la luz que faltaba a esos años. No es cuestión de desmentir al libro sagrado del cristianismo, por muy japonés que se sea. Así que nuestra historia se reafirma en que el joven Jesús ahondó en su conocimiento, pero dispone un lugar geográfico para aquel ejercicio de profundización. Suponéis bien, Cristo se pasó parte de su juventud aprendiendo en Japón…

FILOSOFÍA ORIENTAL
Hace alrededor de dos mil años, un joven Jesús de 21 años desembarcaba en la bahía de Miyazu, concretamente en la costa este de Amanohashidate. No había elegido mal lugar. Amanohashidate significa puente al cielo, apropiado, ¿verdad?, para la visita de Dios hecho carne. Si os planteáis pasar vuestras vacaciones siguiendo los pasos del “Jesús japonés”, ésta es una parada que también guarda cierta consistencia turística. No en vano, es destacada como una de las tres mejores vistas panorámicas que existen en el país del Sol Naciente.

Pero no nos desviemos, que nuestro protagonista, que este Cristo tan poco cristiano si seguimos la ortodoxia religiosa, no hizo tan largo viaje para resolver ningún tipo de afán turístico. La curiosidad de quien ha de hacerse con todo el conocimiento del mundo, de quien pretende transmitir un mensaje que modifique para siempre la historia, no conoce fronteras ni largos viajes. La secular filosofía oriental podía ofrecerle nuevas claves espirituales. De este modo, iba a profundizar en los conocimientos teológicos de la mano de un gran maestro, en las inmediaciones  del monje Fuji. Y tras un largo proceso de aprendizaje de casi una década, agarra toda su maleta de conocimientos y regresa a Tierra Santa. Allí vuelve a salir en las páginas del Nuevo Testamento. Comienza la etapa decisiva de la predicación. Para todos nosotros, esta parte japonesa de la leyenda que nos ocupa puede parecernos desconcertante, pero no choca de frente con la doctrina cristiana explicada grosso modo. Pese a que los teólogos suelen coincidir en que Jesús pasó aquellos años oscuros en Nazaret, no es menos cierto que si nos guiamos por los libros que han estructurado la historia de la fe en Occidente, cabría la extraña posibilidad de que el joven Jesucristo hubiera crecido espiritualmente en lugares a priori tan exóticos como Japón. Y en ese caso, este Jesús, que había recibido su formación espiritual en Japón, podría haber anunciado su mensaje en la intensa predicación de tres años que nos narran los evangelistas. Pero ya sabemos qué pronto comenzó la persecución contra aquel a quien las autoridades romanas consideraban un peligroso agitador. Y aquí surge de nuevo uno de esos giros que hacen parecer que nos están tomando el pelo.

LA APARICIÓN DE ISIKURI
Porque aparece un personaje del que todavía no habíamos escrito y que en ningún momento se ha asomado por los millones de páginas de la tradición cristiana: el hermano del mismo Jesús. Un hermano al que ha olvidado la historia, y que se habría llamado Isukiri y habría sido sacrificado por toda la humanidad.

Sabedor de la importancia del mensaje de su hermano y su capacidad renovadora de la sociedad en su conjunto, los dos hermanos elaboraron un plan. El mismo habría de llevarse a cabo en el mismo momento en que Jesús fuese a ser detenido por las autoridades romanas. Jesucristo, el predicador de la llegada de Dios, aquel que iba a renunciar a su propia vida para salvar a la humanidad en su conjunto, el peligroso revolucionario, era detenido y después, suponemos que al modo que nos indican las Sagradas Escrituras, condenado a muerte, no sabemos si lavado de manos incluidas, que en esto no se detiene la leyenda japonesa. Lo que sí especifica es que antes de que se procediera a ejecutar la crucifixión, Jesús e Isukiri intercambiaron su posicionamiento en la historia. Es decir, que Isukiri iba a ser finalmente el crucificado. Se sacrifica por su hermano y todo el cristianismo y prácticamente toda la historia de la humanidad en los últimos dos mil años se va al traste. De algún modo se va al traste el mismo concepto de la divinidad de Cristo.

LA HUIDA DEL JESÚS JAPONÉS
Así ocurrió. Jesús huyó entonces allí donde había encontrado todo su conocimiento espiritual, a Japón, a Shingo. Y por supuesto, aquel no fue un viaje fácil, ni breve. Casi cuatro años tardó en recorrer los cerca de 10.000 kilómetros que separaban Judea de Shingo. Cuatro años tras los cuales llegó al puerto de Hachinohe. Más allá del recuerdo del sacrificio que había dejado atrás, también trajo un recuerdo físico de sus seres queridos. Con él se llevó un mechón de pelo de su madre, la Virgen María, y una oreja de su hermano. En Shingo vivió una larga y plena existencia; ya hemos comentado que dicen los relatos que alcanzó los 106 años. En ella se dedicó a seguir su predicación y, sobre todo, a atender a quienes más lo necesitaban mientras se ganaba la vida cultivando arroz. Se casó con Miyuko, hija de un granjero de la localidad, y tuvo tres hijos. A su muerte, su cuerpo fue enterrado en la cima de una alta colina y junto a él, en una tumba adyacente, se hizo lo propio con la oreja de su hermano crucificado.

Alrededor de 20.000 personas visitan cada año este extraño recinto, aunque justo es decir que se trata tan sólo de un espacio de curiosidad y de leyenda que nos explica la dimensión, ya no sólo religiosa, sino popular que tiene la figura de Jesucristo en el mundo entero. Lo cierto es que sean quienes sean los enterrados allí, debieron de ser importantes dentro de la sociedad japonesa, ya que sólo los personajes prominentes eran enterrados en este tipo de túmulos en lugares elevados. La leyenda relata que en la misma colina, más debajo de la tumba de Cristo, eran sepultados los sawaguchis, quienes desde tiempos pretéritos se habrían encargado del cuidado de la tumba de Jesús… Reconocemos aquí alguna semejanza con alguna que otra obra de ficción de éxito más o menos reciente. Os preguntaréis de dónde nace una historia tan sorprendente, cuáles han sido las fuentes que han dado pie a la leyenda. Pues de unos documentos manuscritos de los que hoy no existen más que unas copias que se exhiben en el Museo de Jesucristo citado. Se les conoce como los Documentos Takenouchi y los originales, supuestamente, fueron hallados por un grupo de arqueólogos en el año 1936. Describían la vida y desventuras del supuesto Jesús nipón tanto en Judea como en Japón. Uno de los pergaminos sería el mismo testamento de Cristo que habría dictado a los pocos días de morir. Y ponemos el condicional en la sentencia porque no tenemos forma de analizar los documentos originales. Fueron destruidos durante la Segunda Guerra Mundial. Más dudas para una ya de por sí dudosa historia.