EXTRA EL ARCHIVO CÁMARA: ALGO FLOTA SOBRE CÁDIZ

bannercadiz

Fuente: http://www.navedelmisterio.com/extra-el-archivo-camara-algo-flota-sobre-cadiz/

MIGUEL ÁNGEL CABRAL FERNÁNDEZ | Siempre le quedará la duda a nuestro protagonista sobre aquella anómala experiencia. Tanto a él como al resto de los doce miembros que componían la tripulación nº 2 de la que era su comandante. En la actualidad nuestro testigo ostenta el rango de Coronel del Ejército del Aire en situación de reserva activa con más de 5.000 horas de vuelo, la mayoría a bordo del cuatrimotor Lockheed P-3 Orión, una de las aeronaves más polivalentes dentro de la Fuerza Aérea española por las diversas configuraciones que puede adoptar. Sus tareas van desde la patrulla y control del tráfico marítimo hasta la guerra electrónica y lucha antisubmarina, entre otras. Una verdadera estación de detección y rastreo volante atestada de sofisticados equipos, casi sin ventanillas en el exterior de su fuselaje, salvo las de la cabina.

UNA EXPERIENCIA INSÓLITA

cita1cabNos remontamos al año 1991. Estamos en el antiguo Ala 22 perteneciente a la Base Aérea de La Parra, en Jerez de la Frontera (Cádiz), que dos años después sería desactivada y trasladada a las instalaciones de Morón de la Frontera (Sevilla), donde en la actualidad conforma el grupo 22 del Ala 11.

Se trataba de un rutinario vuelo nocturno de instrucción -conocido en el argot como CI o contacto con instrumentos- de ida y vuelta al aeropuerto de Son Sant Joan (Palma de Mallorca), con toma y despegue para luego volver a la base y con una duración prevista de dos horas y veinte minutos entre calzos. Aparentemente, uno más entre los muchos ejercicios donde nuestros pilotos, junto con navegantes, técnicos y mecánicos de vuelo adquieren sus destrezas con los diferentes equipos y procedimientos.

Lockheed P-3 Orion

Fue a los 35 minutos de vuelo, tras iniciar la misión a las 22.00 h. y alcanzar el nivel 230 (23.000 pies), como nos describe el testigo, cuando de repente se produjo la irrupción de un descomunal resplandor que inundó por completo la cabina de vuelo. La luminosidad fue de tal intensidad que dejó cegados momentáneamente tanto a nuestro piloto como a su segundo, y a los dos mecánicos que también se hallaban en sus puestos sentados tras ellos. El fulgor de aquella potente luz llegó incluso a ser percibido en la parte posterior de la aeronave, donde el resto de tripulantes se encontraban frente a sus respectivos equipos, provocando cierto desconcierto.

Una vez recuperada la visión, tras unos segundos que se tornaron eternos, toda la tripulación procedió según las normas a chequear todo el instrumental de vuelo, navegación y comunicaciones, así como los motores, con objeto de verificar si habían sufrido algún tipo de avería eléctrica o mecánica. Todo estaba en orden, sin anomalía alguna.

Las hipótesis de que el origen de la extraña luz fuera un rayo, o el famoso fuego de san Telmo, que en otras ocasiones sí se había apreciado como un tenue brillo en el parabrisas, quedaron descartadas. Las condiciones climatológicas eran idóneas para la navegación aérea, con un cielo absolutamente despejado, y nunca habían presenciado un tipo de luminosidad como aquella.

Había algo desconcertante y a la par inquietante en aquella situación: si la luz avistada procedía de algún tipo de aeronave, ¿cómo era posible que hubiera aparecido de la nada y llegado a pasar tan cerca del avión -máxime cuando éste era militar- sin ser detectada por todo el equipamiento que llevaban a bordo?

Interior de un Lockheed P-3 Orion

En mitad del debate que se daba entre los distintos miembros del equipo, tratando de dar una explicación a lo que acababa de suceder, tuvo lugar el segundo incidente de la noche. Por radio se escuchó una comunicación procedente de un vuelo de una línea escandinava. El comandante de la misma recriminaba a Control de Tráfico Aéreo (ATC) de Sevilla por no haberle avisado de un tráfico que había pasado tan extremadamente cerca de ellos que estuvieron en peligro de colisión.

El controlador de turno les informó que ellos no tenían ningún otro contacto en el radar, salvo el vuelo comercial a nivel 180 y en descenso para Valencia, y el ‘Cisne 22’, que era el indicativo militar del P-3 Orión que pilotaban. De inmediato se informó al controlador, corroborando la transmisión sobre ese enigmático tráfico que al parecer se había cruzado con ambos aviones sin dejar rastro alguno.

cita2cabLas sorpresas no terminaron ahí: Tras proseguir con la misión, ya de vuelta hacia la base de origen y a una altura de 24.000 pies, mientras desde la cabina se divisaban las luces de Jerez, y al fondo, las de Cádiz, se solicitó permiso para iniciar el descenso. En ese momento tuvo lugar el tercer incidente sin explicación de la noche. El piloto advirtió la presencia de una gran luz que permanecía inmóvil sobre el mar, en el centro mismo de la bahía de Cádiz. Se percibía con total claridad la iluminación de la capital, y la ciudad de Rota en el otro extremo. Lo que más llamó la atención a la tripulación fue el tamaño del supuesto objeto, teniendo en cuenta tanto la magnitud del brillo como la distancia a la que se encontraban.

Entre la tripulación se especuló que podría ser una luz procedente de las torres de plataformas de perforación petrolífera, pues no era la primera vez que las divisaban. Sin embargo, pudieron comprobar cómo, si bien una de ellas había sido detectada dos días atrás, ésta debía encontrarse ya cerca de Lisboa. Además, el tipo de luz no se correspondía en modo alguno con las que estaban habituados a ver en sus vuelos de ejercicio.

El comandante propuso acercarse para intentar dilucidar qué era aquello, tras una noche donde la sorpresa había hecho acto de presencia dentro de la rutina a la que estaban habituados. En ese instante, justo antes de tomar la decisión de poner rumbo hacia el punto en cuestión, la luz se desvaneció sin más, de forma repentina, para no volver a aparecer. Aquello desconcertó aún más a todos los presentes en la cabina y al resto de los tripulantes al ser informados. Era evidente que la hipótesis de que se tratase de una luz de posición convencional quedaba descartada. Este último detalle no deja de resultar llamativo, pues los expertos mencionan, dentro de la complejidad de este fenómeno, la existencia de teorías que señalan la presencia de algún tipo de inteligencia tras el fenómeno de los No Identificados que interaccionaría con la psique del observador.

Al no tener más señales de la extraña esfera luminosa, la tripulación se dispuso a seguir con el descenso programado hacia la pista de aterrizaje de la base, tomando tierra alrededor de la 1 de la madrugada.

Nuestro testigo, como comandante de la misión, decidió en aquel entonces no hacer ningún parte de incidencias. El avión no tenía daño alguno, y pensó que sus superiores no le tomarían en serio. Pero el recuerdo de aquel suceso y la incertidumbre sobre lo acontecido -el único de estas características que ha vivido como piloto militar- siguen presentes después de todos estos años.

La aeronave protagonista de este suceso realizó su última misión el 9 de agosto de 2012 tras haber alcanzado nada menos que 20.000 horas de vuelo, y prestado servicio desde 1973. El P-3 pasó entonces a ser utilizado como banco de repuestos para el resto de aviones de su modelo que continúan en activo.

Cabe destacar el valor añadido de este testimonio desde el punto de vista ufológico por la singularidad de la aeronave y la capacitación específica su tripulación. Desde la creación hace más de medio siglo de la Patrulla Marítima dentro del Ejército del Aire, estos aviones junto con otros modelos más recientes que les van relevando han dispuesto, con toda probabilidad, de una de las mejores y más amplias capacidades para la monitorización y localización de todo tipo de señales y blancos debido al tipo de misiones encomendadas. Tal circunstancia hace que este relato, que dio a conocer el Coronel Fernando Cámara en su sección de Cuarto Milenio, sea mucho más significativo.

BAHÍA DE CÁDIZ, PUNTO CALIENTE

La fenomenología OVNI está presente prácticamente a lo largo y ancho de toda nuestra geografía, aunque existen zonas donde ésta se vuelve especialmente prolífica. La zona occidental de Andalucía sería una de ellas. Y tal y como exponíamos en el interesante testimonio confiado por un veterano piloto militar, si nos centramos en el territorio más meridional de nuestra península, la costa gaditana destaca como un foco intermitente de este tipo de avistamientos y sucesos.

La importancia estratégica y militar de la zona, al contar con una de las bases aeronavales más importantes del sur de Europa y de uso conjunto con los Estados Unidos como es la de Rota, sumado al hecho de ser una de las áreas metropolitanas más pobladas de Andalucía, además de una diversidad de condicionantes, hacen de la bahía de Cádiz un escenario propicio para el fenómeno OVNI.

Si nos zambullimos en las hemerotecas -esa suerte de templos que guardan parte de nuestra memoria impresa- nos encontramos con portadas como la que Diario de Cádiz dedicó al fenómeno a primeros de septiembre del año 1979, cuando un extraño objeto luminoso fue avistado por numerosos testigos creando gran expectación.

Años después, titulares como los de octubre de 1989 donde se relataba un encuentro con seres humanoides en la playa de Conil tendrían gran eco mediático. Lo ocurrido en la playa de Los Bateles fue considerado desde entonces uno de los casos más singulares, fascinantes y controvertidos de la ufología, pues al parecer no se trató de un hecho aislado. Aseguran que hubo más avistamientos y encuentros además del que salió en prensa.

Cobertura y presencia del fenómeno OVNI en la prensa local (Archivo Miguel Ángel Cabral Fernández)

¿QUÉ CAYÓ DEL CIELO?

Rescatamos de la hemeroteca un singular incidente que tuvo lugar en los cielos gaditanos ese mismo año 1991, con el que comenzamos estas líneas. Un suceso que si bien podría tener una explicación satisfactoria, ésta quedó finalmente inconclusa. Todo rematado con un mutismo oficial absoluto sobre el asunto por parte de las autoridades.

A nivel nacional, el diario ABC se hizo eco tres días después, en una breve columna, de lo que ellos denominaron como “extraños fenómenos luminosos avistados en el golfo de Cádiz”. En efecto, tal y como recogía con más detalle Diario de Cádiz en una crónica escrita unas semanas después, a las 0.20 horas del domingo 24 de noviembre, un objeto no identificado se precipitó al mar frente a la costa de Rota, a una distancia aproximada de 10 millas naúticas en dirección oeste, dejando tras de sí una ráfaga luminosa de tonos verde azulados tras producirse previamente un enorme resplandor que iluminó totalmente el cielo de la bahía.

cita3cabEntre los miles de testigos repartidos por las distintas localidades que presenciaron el suceso, se encontraba una patrulla de la Guardia Civil que realizaba su habitual ronda nocturna por el paseo marítimo de Chipiona. Se especuló en principio con una posible explosión a bordo de alguno de los barcos que faenan en estas aguas de madrugada, tras lo cual habría lanzado una bengala de auxilio que se habría ido apagando, dejando una estela a su paso.

Tras informar a Protección Civil, y contactar con el Servicio de Rescate Marítimo (Resca) se descartó esta causa, ya que ninguna embarcación sufrió ningún incidente en esa zona y franja horaria. Los testimonios recabados de los pescadores que iban a bordo confirmaban lo que fue visto en el cielo desde tierra.

Se pensó entonces en otras opciones, como un globo sonda en trayectoria de descenso o incluso con una aeronave siniestrada, ya que se encontraban a escasas millas de la base militar de Rota. No obstante, ambas opciones fueron igualmente desestimadas tras realizar las debidas averiguaciones. Los responsables militares señalaron que, tras recibir el aviso, se ordenó de inmediato el regreso de todas sus unidades que se encontraban en vuelo en esa órbita cercana.

Sorprende el hecho de que, tal y como se indicó en su momento, las autoridades militares de la base -que dispone de su propio servicio meteorológico por razones obvias- mostraran su total desconocimiento de lo sucedido, máxime habiendo tantos testimonios (algunos de fuentes policiales) y si tenemos en cuenta que el suceso tuvo lugar en sus inmediaciones. Además, varios testigos, según se cita en prensa, aseguraron que cuando se produjo el resplandor había hasta tres helicópteros de la base sobrevolando la zona.

Igualmente extraña que tanto el entonces Observatorio de la Zona Marítima del Estrecho, sito en San Fernando y dependiente de la Armada, como también el Servicio de Prevención de Meteorología de Sevilla, mostraran no tener información del suceso y declinaran pronunciarse al no haber recibido ninguna notificación oficial al respecto.

Diario de Cádiz, 16 Diciembre 1991 (Archivo Miguel Ángel Cabral Fernández)

Sin embargo, algo cayó del cielo esa noche que sí se pudo confirmar. Unos 10 minutos después de que el extraño objeto se precipitase sobre el mar, se encontraron en las marismas de la localidad onubense de Ayamonte algunos fragmentos que se corresponderían con los restos de un meteorito. El impacto provocó un pequeño cráter y un posterior incendio sobre los restos de algunas embarcaciones que se hallaban en el lugar.

Desde que al dia siguiente se publicara una breve nota sobre la posibilidad de que se tratase de la caída de un meteorito, las hipótesis sobre su naturaleza fueron aumentando de forma paulatina, conforme también se iban descartando las posibles causas. Puede que finalmente se tratase de alguna roca -o incluso chatarra espacial- que se fragmentara en su entrada a la atmósfera pero también, debido al historial ufológico de la zona, se planteó la heterodoxa hipótesis que fuera un nave extraterrestre que se autodestruyó de forma deliberada por alguna razón. Se argumentaba que de ser de algo más convencional -como sostenían desde el Grupo Español de Investigación del Fenómeno Ovni (GEIFO)-, la velocidad de entrada debía haber sido mucho mayor, como ocurre en estos casos. Además, la luminosidad debería haber estado acompañada de algún estruendo sónico producido por la onda de choque, algo que, según todos los testigos del suceso en la bahía de Cádiz, no se produjo tras el gran fogonazo.

ALGO FLOTA SOBRE CÁDIZ

Diario de Cádiz, 13 Diciembre 1992 (Archivo Miguel Ángel Cabral Fernández)

Puede que nunca lleguemos a ser conocedores en su totalidad de todo lo acontecido en aquellas fechas de finales de noviembre del año 1991. Quizá tampoco alcancemos a desvelar la verdadera naturaleza de la realidad que permanece esquiva tras el extraño suceso del que fueron testigos tanto nuestro piloto como su tripulación durante aquel vuelo nocturno de adiestramiento de hace 25 años.

Sea como fuere, es un hecho destacado cómo la costa atlántica andaluza se revela desde hace tiempo como un enclave de especial relevancia dentro de la península ibérica para el acontecer del fenómeno OVNI. Y particularmente la provincia gaditana con su bahía, como un punto caliente a señalar en los mapas de ufólogos y estudiosos de estas temáticas.

Ciertamente, un inherente magnetismo para lo ufológico emana desde la provincia de Cádiz. Y es que, siguiendo con ese juego de casualidades que nunca son tales, resulta pertinente recordar aquí al escritor gaditano Carlos Murciano, el ensayista y poeta que, a finales de la década de los sesenta ejerció como singular corresponsal “enviado al país más impreciso, indeterminado y extenso de la Tierra: el país de los Ovnis”. Así lo anunciaba entonces el diario ABC. Los reportajes que le fueron encomendados acabaron finalmente compilados en un libro con un título que es a la vez una perfecta síntesis del fenómeno: “Algo flota sobre el mundo”.

Sin duda alguna, y desde luego… algo flota también sobre Cádiz.

Deja una respuesta

comment-avatar

*